Yo no creo que AMLO sea un peligro para México, pero no voy a votar por él

Por Nuria Valenzuela (@nuriav)

Pueden consultar el texto original aquí

El único peligro que yo veo para México es el PRI. Votar por el PRI –especialmente por el PRI de EPN –es votar a favor de la corrupción y la represión y en contra de la democracia, los derechos y las libertades, punto. Así, por encima de cualquier otra cosa, se encuentra mi antipriísmo recalcitrante. Es por eso que hace meses dije que en la pista presidencial votaría por quien se encontrara en un (claro) segundo lugar a menos de 10 pp de EPN, sin importar su color. Yo esperaba con todas mis fuerzas que el tercer lugar se quedara rezagado y que el segundo lugar repuntara, pero no fue así.

Hoy faltan cuatro días para las elecciones y mi intensa y politológica obsesión por las teorías de voto estratégico me obliga a reconocer que las cuentas no salen. Dadas las circunstancias, estoy convencida de que EPN será nuestro próximo presidente. Sufro. Pero es que sufrir no es suficiente, tengo que votar por alguien. En realidad, sólo tengo dos opciones: AMLO o JVM. Dado que el voto estratégico quedó descartado, me tuve que poner a razonar muy seriamente mi voto.

En términos generales, tuve que valorar lo que han hecho los partidos/candidatos en otras gestiones/pistas y las propuestas/plataformas que están presentando en campaña. Y digo en términos generales porque todo tuvo muchos matices.

En cuanto a gestiones anteriores debo decir que el gobierno de AMLO en el DF abiertamente me gustó. Me ha gustado más la de Ebrard, sí, pero tenemos que reconocer que las bases las puso AMLO. Por otro lado, tengo que decir que la lógica y atribuciones de los gobiernos locales son muy distintas a las del gobierno federal. El problema con JVM es que no ha tenido ningún puesto de elección popular. En ese sentido, sólo me queda decir que su trabajo en SEDESOL y la SEP me parece razonable.

Hablando más sobre los partidos, debo decir que hay muchas políticas del PRD que me gustan y con las que coincido (sí, las progres). Otras no tanto. Por otro lado, tengo dos grandes conflictos con el PAN: la implementación de sus políticas y su política de seguridad.

Me explico. Cuando digo que tengo problemas con la implementación de las políticas del PAN es porque me parece que en términos generales tienen buenas ideas, pero nunca han entendido que las buenas ideas no se implementan sobre un lienzo en blanco. Los gobiernos tienen que trabajar con estructuras, mecanismos, lógicas, incentivos que ya existen, que no desaparecen con cambios de partido gobernante. El PAN parece no darse cuenta de esto. Hay que trabajar con y sobre lo que ya existe, por complicado, enredado y sucio que se encuentre, no desde la inmaculada teoría. El PAN se sigue preguntando por qué su teoría no jala, si se ve tan bonita en los libros. En el gobierno del PAN he visto un sinnúmero de buenas intenciones pero pocos resultados. Me parece que en gran medida, la respuesta es que no han sabido incorporar a la realidad en sus consideraciones. A esto debo agregar el desasosiego que me provoca la poca capacidad que ha mostrado el PAN (en general) para cohesionar equipos y negociar. Son malísimos. Por otro lado, la política de seguridad y sus consecuencias me parecen absolutamente inaceptables. Punto. Hasta aquí, parece que me estoy encaminando a concluir que voy a votar por AMLO y sólo los engañé con el título. No tan rápido.

A la hora de revisar plataformas, propuestas y campañas, todo se me complica muchísimo. Para poder explicar por qué, tengo que hablar un poco sobre las ideas con las que coincido. Primero, en cuestión de derechos y libertades soy radical. Sí, para mí el tipo de junto puede encerrarse en su casa a morir por una sobredosis de heroína. ¿Quién soy yo para impedírselo? Yo, por mi parte, tengo mejores planes, pero no me gustaría que absolutamente nadie interfiriera en ellos (creo que es una obviedad, pero por si acaso, hago explícito que siempre y cuando no afecte las libertades/derechos de terceros). Evidentemente, casi me da algo cuando escuché a AMLO más de una vez proponer el poner a consulta los derechos. Mi conflicto aquí no es tanto el si lo haría o no (quiero pensar que ya a la hora de la hora esto no pasaría). Mi conflicto es que él crea que es una buena idea andar diciendo esas cosas, que no le salte, que se vaya a dormir tranquilo con esto. ESO es lo que me saca ronchas.

Es un problema de formas en general y lo de los derechos no es la única expresión de esto. En realidad, una gran parte de las quejas contra AMLO me parecen infundadas. Con respecto al desprecio a las instituciones, tendría que decir que no pero sí. Una vez más, no creo que estando en el poder realmente represente una amenaza para las instituciones. No, no lo creo. No tengo evidencia para asegurarlo. Pero en las formas, en el mensaje que manda, en la validación de la idea de fraude, en denostar cifras e instituciones cuando resulte conveniente, ahí sí me pierde. Me parecen estrategias de campaña muy chafas. Insisto, no creo que sea un peligro para nuestras instituciones, pero creo que sus formas son un tanto irresponsables ante la imagen de nuestras no muy arraigadas (y a mi juicio sí muy importantes) instituciones. Más ronchas. Son sus formas las que hacen que la gente crea que es mesiánico, populista y fuertemente incongruente. Yo no lo creo, pero insisto, sus formas simplemente no me gustan.

 (Si a formas nos vamos, no puedo dejar de mencionar que el discurso machista de JVM me molesta profundamente, sin duda, pero las formas de AMLO me molestan más.)

Probablemente piensen que eso de las formas es un argumento muy chafa para no votar por él. Tienen razón. Ese no fue el factor que determinó mi decisión (aunque sí es lo que hace que me caiga fatal). Donde se terminó de fregar el asunto es en la concepción de cómo resolver los problemas del país. Además de politóloga, soy economista del ITAM, con todo lo bueno y malo que eso implique o al menos parezca implicar. La verdad es que entré al ITAM creyendo que necesitaba conocer las ideas bien para poder criticarlas mejor. Al final, me di cuenta de que la idea del libre mercado me gusta y me convence. No, no me lavaron el cerebro, simplemente aprendí lo que la grandísima mayoría que utiliza el término “neoliberal” no sabe. Yo no sé de “políticas neoliberales”, para mí, es un término vacío que la gente usa sin ton ni son para criticar todo lo que les huela mal. De lo que sí sé es de políticas económicas neoclásicas o liberales. De eso sí sé y tengo una opinión muy clara al respecto.

Coincido no sólo con AMLO, sino con cualquier persona que pueda ver más allá de su nariz, en que nuestro país tiene un grave problema de pobreza, desigualdad y corrupción. En lo que no coincido es en la manera de atacar estos problemas. El libre mercado necesita ser libre para funcionar (de ahí su nombre, evidentemente) y el papel del gobierno debe ser el garantizar la corrección de fallas de mercado. Perdón, pero permitir que nuestra economía esté plagada de monopolios dista de ser una política neoclásica. Yo no puedo echarle la culpa al sistema económico liberal, sin haber visto que éste se haya implementado adecuadamente. Simplemente no puedo. Yo sí creo en las ventajas comparativas y competitivas, sí creo que México puede beneficiarse de las relaciones económicas con el exterior, sí creo en el poder de la competencia, sí creo en la inversión privada, no creo en los subsidios absurdos ni en los impuestos ineficientes (aunque sí creo que existen subsidios e impuestos adecuados y eficientes).

La realidad de México, sin embargo, me lleva a relajar mi liberalismo económico un poco más allá de ver el papel del gobierno exclusivamente como corrector de fallas de mercado. Creo que hay programas sociales que pueden resultar bastante benéficos y ayudar a disminuir los problemas de desigualdad y pobreza. A pesar de ello, de fondo, tengo un problema con AMLO.

Es justo en su propuesta económica donde encuentro las incongruencias y diferencias fundamentales. ¿Subsidio a la gasolina? ¿No que primero los pobres? Todo el mundo sabe que es uno de los subsidios más regresivos que existen (sin olvidar el impacto ambiental, por supuesto). A mí (Nuria) no me convienen los gasolinazos, pero a mi país sí. En vez de estar haciendo cuentas alegres que suenen bonitas en campaña, debería oponerse tajantemente a los subsidios a la gasolina y proponer el utilizar ese dinero en políticas sociales. Sí, para ayudar a los pobres en vez de beneficiar a los ricos. Otro ejemplo: ataca fuertemente las “políticas neoliberales” pero defiende férreamente la competencia y la eliminación de los monopolios. Bien, muy bien ahí, sólo que la lógica de esto proviene justamente de la teoría económica neoclásica. Sí, de aquel monstruo de mil cabezas llamado libre mercado. Uno más: combatir la corrupción y disminuir el sueldo de los funcionarios. Perdón, pero lo segundo incentiva lo primero. AMLO puede ser muy honesto, pero nada justifica que el resto lo sea. A mí me parece que lo que debe hacerse es eliminar los privilegios, no disminuir los sueldos. ¿Qué perfil de funcionarios estaría generando? La corrupción no es fácil de combatir y ¿propone complicar el asunto aún más?

En la parte económica tengo grandes coincidencias con el PAN (por lo menos ideológicas). Sí, a mí no me da miedo decir que las “políticas económicas de derecha” me gustan. La implementación no ha sido adecuada, no, pero el enfoque básico para resolver los problemas sí me gusta. Por otro lado, la estabilidad macroeconómica que le han dado al país me parece su logro más importante (por más lugar común que suene). ¿A qué voy? No me parece nada extraordinario, pero por lo menos no me causa el conflicto existencial de la propuesta de AMLO. Además, en el tema de la reforma política (que me parece fundamental para continuar con la construcción democrática del país), aunque no coincido del todo con nadie, la propuesta del PAN es la que más me gusta. No me gusta que quieran quitar legisladores de RP, pero estoy de acuerdo con el apoyo abierto a la reelección, por ejemplo (creo que le faltan cosas, pero ese es otro asunto). Siento que va por buen camino, es todo.

Por otro lado, el asunto del gabinete me parece un argumento bastante malo. La última vez que leí la Constitución, vivía en un presidencialismo donde el gabinete del Ejecutivo dependía del presidente. Por favor, si esto cambió, alguien infórmeme. La gente que propone puede ser muy buena, pero nada nos garantiza que trabajen bien como equipo, nada nos garantiza que los quite si no le funcionan, nada nos garantiza que aguanten hasta el final. ¿No resulta razonable pensar que alguno de ellos pueda llegar a hartarse de las formas de AMLO? Perdón, pero yo estoy votando por un presidente y su agenda. El gabinete que elija debe seguir esta agenda, son sus subordinados, no sus iguales. ¿Quieren votar por gabinetes? Pidan una reforma del sistema político hacia un parlamentarismo. Por lo pronto, hasta donde yo sé, vivimos en un presidencialismo.

Antes de llegar a la parte final y “más técnica” de mi justificación, me gustaría decir algo que admito, probablemente tiene que ver más con una percepción que con algo que pueda justificar convincentemente. Siento que el PRD, especialmente los AMLOistas de hueso colorado, tienden a ser más intolerantes que la mayor parte del PAN. Conozco, ciertamente, perredistas muy razonables, respetuosos y abiertos a otras ideas (sí, en la parte progre del PRD que tanto me gusta), así como conozco panistas yunquistas impresentables. Pero me parece que tomando un perredista y un panista al azar, las probabilidades de que el primero resulte más intolerante que el segundo son muy altas. Insisto, es sólo mi impresión.

Por último, voy a la parte de mi voto federal en su conjunto. Si quiero ser congruente, mi voto por AMLO implicaría un voto por el PAN por lo menos en la Cámara de Diputados. El problema es que sí hay una parte del PRD que me gusta, la parte que siento que podría suavizar el discurso “anti neoliberal” e intentar en cierta medida utilizar el libre mercado a su favor, la parte que tiene como elemento primordial de su agenda los derechos y libertades que a mí tanto me importan. En este sentido, creo que en la presidencia la persona influye más en el partido que el partido en la persona, mientras que en el caso del congreso, esto se matiza. Así, me parece menos costoso el sacrificar el voto por un candidato con una agenda con la que no concuerdo en muchos puntos fundamentales, que sacrificar la posibilidad de sentirme medianamente (o incluso grandemente) representada en el congreso. (Debo decir que me tranquiliza ver que lo peor de la izquierda está en las listas del PT, afortunadamente, puedo elegir no dar uno solo voto a los partidos chicos).

Nunca he votado por el PAN, pero este domingo, con mucho pesar, votaré por el PAN para la presidencia y por el PRD en las dos cámaras federales. Mis votos locales irán todos para el PRD porque me gusta el rumbo que está tomando mi ciudad y quiero que siga así. Ahí, afortunadamente, no tengo nada que pensar.

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Cuando leí el texto de Andrés aún no decidía mi voto, pero me pareció interesante la idea de exponer ideas y argumentos más allá de la decisión concreta. Me gustó como ejercicio democrático. Por otro lado, lo que realmente me motivó a escribir esto fue que no quiero darle mi voto al PAN sin hacer públicas las críticas que tengo al respecto. No sé, me deja más tranquila exponer esto independientemente de quién lo lea o de que en las urnas los votos no lleven justificación.

Un pensamiento en “Yo no creo que AMLO sea un peligro para México, pero no voy a votar por él

  1. Mucho razonamiento, pero una realidad: 3er lugar para JVM.
    Tu razonamiento, por cierto, sesgado por tu ideología, de modo que no pudiste ver lo más grave de este país: no hay libre mercado, sino un reparto de monopolios. Revisa cómo está cada industria y cada mercado, hay uno, dos o tres que lo manejan a su antojo y a cualquiera que se le ocurra tratar de entrar le cerrarán las puertas. Sucede, y sucede (y hay que decir que están en arreglo con los gobiernos, es esa una de las razones de la campaña sucia de FCH en 2006).
    Soy egresado del ITAM, entiendo de economía clásica. Pero también he proseguido mis estudios hasta doctorado y he comprendido que esa economía, culmen de la era de la modernidad, no tiene aplicabilidad en tiempos posmodernos. Será necesario repensar la economía, la clásica ya no funciona.
    En fin, una realidad es más que evidente: el PRI se impuso ya que los josefinistas no entendieron la estrategia que en el año 2000 dio triunfo a Fox: el voto útil.
    Ni modo, la derecha, sí, ese grupo conservador, es incapaz de valorar una visión diferente.

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