¿Más abogados… para qué?

Por Laura Méndez Rodríguez (@lauramendez)

Cuando era pequeña soñaba con ser médico, para así poder “ayudar” a la gente. Sin embargo, a los 13 años cambié de opinión. Nunca olvidaré aquel momento en el que decidí que en México hacían falta abogados, aún contra lo que  la mayoría de orientadores profesionales pensara.

Recuerdo que aquella vez acompañé a mi tío, que era Defensor de Oficio Federal a visitar a varios reclusos en Celaya, Gto. Más allá de las horribles condiciones de la prisión, recuerdo haberle preguntado por el caso de una persona de la tercera edad que visitamos, nunca olvidaré lo “injustas” que me parecieron las razones de su encarcelamiento. Después de leer el expediente y aún sin comprender de leyes, seguía pensando que era “injusta” la resolución. Las visitas a reclusos en otras cárceles me hizo darme cuenta que los factores comunes de todos los casos eran la corrupción de las autoridades, la falta de acceso a la justicia, la falta de educación y los vacíos legales existentes. Y en aquel momento me pregunté ¿dónde están los abogados?

Con el paso del tiempo y durante la carrera, me di cuenta que efectivamente abogados hay muchos -el número de cédulas profesionales existentes lo confirma-. Basta abrir un periódico, caminar por Niños Héroes, fijarse en los letreros de cada esquina, ¡escupen “ABOGADOS”! Sin embargo, abogados que amen su profesión y estén comprometidos con transformar la realidad mexicana hay muy pocos. Ese es el verdadero problema de la abogacía en México.

Lo anterior no quiere decir que todos debamos ser abogados pro bono, ni tampoco justicieros sociales. Lo anterior significa que los abogados debemos estar conscientes de la importancia de nuestro papel en la sociedad. Las familias ponen en nuestras manos sus vidas personales. Muchas veces apuestan en nosotros, nos sólo su patrimonio, sino sus derechos más valiosos, como la vida o la libertad. Cuántos abogados hay que denigran a la profesión cuándo su única motivación es el dinero; cuando alejan a la ética y la moral de su actuar.

Ser abogado es tener la posibilidad de ser un motor de cambio. Con las herramientas que hemos aprendido en la universidad, y desarrollado en la práctica profesional, podemos no solo cuestionar, sino inventar y mejorar nuestro entorno.  Acciones como litigios estratégicos, son acciones de interés público que no sólo benefician a un cliente, sino un grupo indeterminado de personas. Diseñar regulaciones eficientes, elaborar sentencias protectoras de los derechos humanos, impulsar criterios o estudios jurídicos novedosos, son formas en las que los abogados podemos incidir en la búsqueda del bienestar de nuestro país desde nuestras respectivas trincheras.

Hoy en día, sigo pensando que hacen falta abogados, pero no me refiero al número de registro de cédulas profesionales. Me refiero a abogados que se inconformen con la injusticia y se decidan a luchar contra ella. Ojalá que el día de mañana existan suficientes.

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