La paradoja de la tolerancia

A propósito de lo que ha ocurrido en Francia con el caso de Charlie Hebdo me reencontrado con un texto que me parece muy pertinente para reflexionar el contexto actual. Hay que decir, antes, la tragedia a llevado a muchos a reflexionar sobre los límites de la libertad de expresión hasta la propia naturaleza de una democracia liberal y plural como Francia. ¿Cómo se deben tratar a las minorías? Digamos siguiendo a Rawls, ¿Cuál es el consenso traslapado que debe haber para que convivan distintas teorías comprehensivas del mundo?. Justo estas reflexiones las hace con mayor elocuencia Felipe Curcó. Ante el terrorismo, las minorías y la acción del Estado, uno debe empezar por preguntarse sobre qué tipo de ciudadanos esperamos en una democracia (ahí también empieza Aristóteles en la Ética Nicomaquea).

¿Qué características deben tener los ciudadanos de una democracia liberal? En otras palabras, ¿cuáles rasgos de carácter o personalidad se espera deban tener los individuos que forman parte de una sociedad si es que hemos de esperar que éstos se muestren dispuestos a participar y reproducir las instituciones que son responsables de coordinar la colaboración social en un marco democrático de libertades?

De este modo encontramos en Rawls una respuesta preeliminar a la interrogante que planteábamos al principio. Según esta respuesta, una democracia liberal requiere de ciudadanos que se muestren dispuestos a ser tanto razonables como racionales, esto es, que a la vez que prefieran la mayor cantidad de ventajas que les permita promover sus intereses al máximo, sean conscientes de que la cooperación social hace posible para la gente una vida mejor que la que aisladamente cada quien podría tener si tuviera que tratar de vivir únicamente gracias a sus propios esfuerzos. [Lo razonable está ligado a la tolerancia]

…Esta capacidad que la teoría liberal tiene para fijar, tanto las razones, como los límites a los que da lugar (y dan lugar a) la tolerancia, se pierden si acaso no somos capaces de reconocer que en último término la democracia liberal es un credo combatiente que se distingue de otros credos combatientes como los fundamentalismos, los integrismos o las teocracias, por abrir un mayor abanico de opciones y establecer una jerarquía definitiva de principios en donde cuestiones como la autonomía, la dignidad y la libertad quedan puestos fuera de toda duda.

Etrecorchetado mio.

Texto completo de Curcó

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