Tres argumentos a favor del aumento de la gasolina

El día de ayer, en medio de los cambios en el gabinete, el Presidente ofreció una explicación (es un decir) por demás cantinflesca sobre el aumento en el precio de las gasolinas. Aquí pongo tres argumentos que se pueden usar para justificar las alzas:

1) El uso de combustibles fósiles provoca externalidades negativas. Se ha estimado que al año hay 20 mil muertes por contaminación, más las miles hospitalizaciones por enfermedades respiratorias. Lo anterior, significa que existen pérdidas en productividad y se cargan los costos al sistema de salud pública. Por lo anterior, en muchos lugares del mundo se grava el uso de los combustibles fósiles, además de que es una recomendación que han dado desde hace varios años las agencias de energía. En México el IEPS es un impuesto al consumo de combustibles, con el que el gobierno obtiene recursos fiscales para gastar en otras áreas de política pública (salud, por ejemplo). Además, por el tipo de bien este impuesto es progresivo, su incidencia es mayor entre quienes tienen mayores ingresos (el subsidio, por tanto es regresivo)

2) Nueva fórmula de determinación de precios. Ésta toma en cuenta el precio internacional de referencia (en dólares, por lo que la deprecación del peso afecta), los costos de transportación y distribución y un margen comercial para las estaciones de servicio, entre otras cosas. El resultado son precios que varían en función de los conceptos anteriores (en este mapa se pueden ver los precios). con estos precios diferenciados se pueden ver las necesidades de inversión en transporte y distribución de gasolina y se puede ver donde hay déficit de estaciones de servicio. Por lo que el sistema de precios tiene como consecuencia incentivar la entrada de competidores a Pemex en distintas partes de la cadena. Y se debe recordar que el precio publicado es el máximo (para evitar abusos) por lo que cualquier grupo gasolinero puede ponerlo por abajo y empezar la competencia en precios. En este artículo de 2015, hablaba sobre las estrategias regulatorias diferenciadas para incentivar la entrada de competidores y no dejar sólo a Pemex;, y

3) De las poco más de 12 mil estaciones de servicio ninguna es de Pemex, son de privados. El nuevo esquema pone los incentivos para que los privados busquen mejores proveedores (competencia a Pemex) o para que Pemex se vuelva más eficiente y baje sus costos. El signaling del sistema lo resumía Luis De la Calle en un artículo: “… si prefiere apostar por un mercado competitivo y terminar con la sangría, apoye la implementación de las reformas estructurales. Si es empresario y está seguro de que está cara, invierta en gasolinas, haga un descuento y vuélvase rico…”.

En el largo plazo, se dejará de gastar en subsidiar combustibles fósiles (esto incentiva la transición energética), el gobierno puede recaudar dinero para invertir en otras áreas de política pública y pones las condiciones necesarias para la competencia económica en el sector.

Otra discusión aparte, aunque paralela, son los dispendios del gobierno (debe haber mayor austeridad), la ineficiencia del gasto público (programas como la Cruzada contra el hambre), y la falta de competencia en licitaciones públicas, entre otras cosas. Si el gobierno quiere que los ciudadanos apoyen los nuevos precios debería de poner el ejemplo de orden y austeridad.

Sobre los precios y la regulación de Uber

El día de ayer Leo Zuckermann escribió en Excélsior una columna verdaderamente lamentable “Sobre los precios exorbitantes de Uber” (sobra decir que confunde las prácticas monopólicas y otros problemas). Sin embargo, no sólo él sino otros comentaristas, opinólogos y ciudadanos en general se han quejado sobre la tarifa dinámica de Uber durante la contingencia ambiental. Explico algunos puntos.

Oferta y demanda

Este es el apartado más sencillo. En la economía de mercado la ley de la oferta y la demanda es el estándar. ¿Cómo funciona? Básicamente, supone que cuando hay mayor demanda por un bien o servicio se genera escasez y por lo tanto tienden a aumentar los precios; el aumento de precios hace atractivo el mercado para los oferentes y entran más compañías a ofrecer sus bienes y servicios, esta nueva oferta cubre la escasez anterior y si hay más oferta que demanda los precios tienden a bajar, pues hay abundancia. En términos más simple, la abundancia de un bien lo hace relativamente más barato y la escasez más caro.

Ahora bien ¿Qué efectos tuvo la contingencia ambiental?  De manera muy rápida, la oferta disminuyó y la demanda aumentó. El efecto fue distinto en cada mercado de transporte. Veamos por qué.

  • Del lado del transporte público. Este tipo de transporte tiene más o menos una oferta fija, hay las líneas de metro o metrobús que hay, o existe un número fijo de concesiones públicas a camiones o taxis. Dado lo anterior, cuando una política restringe el uso del automóvil, la gente migra al transporte público. Al haber una oferta fija, rápidamente se genera un exceso de demanda y escasez de asientos en el sistema de transporte. Una de las peculiaridades del sistema público es que tanto la oferta como el precio están regulados, es decir las concesiones y rutas las otorga el gobierno y la tarifa que se cobra es fija, independientemente de la demanda. Por lo anterior, cuando hay estos shocks inusuales de oferta no se puede jugar con el precio como medida de descongestionamiento. La lección: el sistema de transporte público es insuficiente, y la Ciudad no está preparada para enfrentar un exceso de demanda.
  • Transporte privado y compañías que lo ofrecen. Aquí la regulación es distinta. Hay que recordar que el Gobierno de la Ciudad decidió regular compañías tipo Uber o Cabify el año pasado. En la regulación estableció que un porcentaje de las ganancias de los viajes se irían a un fondo especial que serviría para mejorar el transporte público y se puso un valor mínimo a los automóviles que pueden inscribirse a la plataforma. Sin embargo, no se reguló la manera en que cobran ni se hicieron mayores restricciones a la oferta. En este contexto, estas compañías cuentan con una oferta más flexible, es decir han ido incrementando el número que autos que ofrecen sus servicios conforme crece la demanda, y el precio, al estar sujeto a la demanda permite autorregular el número de entrantes al mercado y las ganancias esperadas de los participantes. Sin embargo, al estar basado en el automóvil particular, la contingencia ambiental provocó una contracción de la oferta de los autos de estas plataformas (no todos podían circular). La misma contingencia generó un aumento de demanda, hubo más usuarios que pidieron Uber de los que normalmente lo piden, si no podías manejar por la restricción, Uber entra dentro de tus posibilidades de transporte y lo pides. Se juntó entonces la contracción de la oferta con una expansión de la demanda, generando más escasez. Al no tener precio regulado, los precios aumentaron para controlar la escasez y disuadir a usuarios de usar el servicio si no lo valoraban al precio esperado. La lección: el sistema de precios flexibles ayudan a amortiguar los efectos de la escasez.

Sin embargo, ambos efectos generaron un malestar en la ciudadanía y pusieron en el foco de atención las políticas en materia de transporte y regulación que debe de utilizar la ciudad.

Precios dinámicos de Uber

Una de las principales ventajas del modelo de precios de Uber son los llamados precios dinámicos (como referencia este artículo). Pero la idea básica de este modelo es que la oferta y demanda se ajustan por hora y por colonia. Por ejemplo: un chofer de Uber en Xochimilco solo maneja 5 hr diario, para optimizar sus ganancias se queda en su casa estudiando hasta que ve que precios subieron en alguna colonia de la ciudad (p.e. Las Águilas), entonces  va a Las Águilas a trabajar a la mejor hora para él y esto es eficiente porque es cuando más se necesita (hay mayor demanda y él obtiene mayores ganancias). Eliminar a través de una regulación este modelo, eliminaría las eficiencias que genera, tanto para el conductor, como para los usuarios.

¿Uber es un monopolio?

Otra de las críticas que hubo es que Uber hizo “prácticas monopólicas” con sus políticas de precios. Difícilmente se puede sostener el argumento, en México no existen prácticas monopólicas relativas “por precios abusivos”. Pero se debe de tener en cuenta lo siguiente.

En los estudios de Tirole-Rochet se habla de la competencia entre plataformas en mercado de dos lados, es decir, que tienen dos tipos de usuarios y hay interdependencia entre ambos.Ejemplos de ello es Google (sus clientes son los usuarios y los que quieren publicidad) o Uber (los conductores y los usuarios), en estas plataformas pues, unos y otros reciben beneficios diferenciados de la plataforma y el dueño de la plataforma gana por estas diferencias. Sin embargo para que tengan éxito se requiere que más y más usuarios adopten la plataforma en cuestión. Lo anterior, puede provocar que si todos adoptan una plataforma un futuro competidor la tiene muy difícil, pues es poco probable que pueda atraer a usuarios de una plataforma a otra que ofrezca cosas similares. En términos simples, difícilmente puede haber un competidor de Google, o de Facebook o de Uber, por lo que estos efectos de red pueden generar predominancia de los agentes económicos y prácticas monopólicas (como fijar precios o disuadir la entrada de competidores).

En principio, Uber cuenta con competidores directos o indirectos en el mercado mexicano; sin embargo, por los efectos de red que genera la plataforma, se deberá observar la conducta de la empresa. Si dada su posición predominante realiza prácticas que imponen barreras a la competencia, se tendría que castigar su conducta, pues perjudica a los consumidores. Con los elementos de información actuales no se puede decir que sea un monopolio.

¿Se puede castigar a Uber?

Si el lector ha puesto atención no es claro que debamos/ sea bueno para la sociedad castigar a Uber. De hecho, es difícil saber por qué, pues los usuarios acceden a los términos y condiciones de uso que ofrece la plataforma. Mancera ha dicho que tratará de regular el precio de la aplicación (eliminando la tarifa dinámica), lo que eliminaría las eficiencias en el mercado que genera y probablemente dañaría a los usuarios (al reducir sus opciones de consumo o evitar que entren competidores) .

Sin embargo, si lo deseáramos, hay dos formas:

  • Profeco. La Ley Federal de Protección al Consumidor prevé en su articulo 10 que las compañías no pueden generar prácticas desleales o coercitivas en perjuicio de los consumidores. Y si se interpreta junto con el artículo 128 TER de la misma ley, es un caso particularmente grave cuando “se cometan en relación con bienes, productos o servicios que por la temporada o las circunstancias especiales del mercado afecten los derechos de un grupo de consumidores”. En este caso se puede argumentar que la doble contingencia era una condición especial del mercado, por lo que los consumidores podrían acusar un daño derivado de una circunstancia especial del mercado. Lo anterior, pondría el foco sobre la conducta en un espacio temporal particular, y no se castigaría al mercado en general con una regulación de tarifas. Además, habría que ver que los competidores de Uber, decidieron bajar precios a presar de esas condiciones especiales. Valdría la pena un análisis serio de Profeco.
  • Consumidores. La otra es que cada uno cambie de aplicación y exija al gobierno un mejor transporte público. En la medida en que los consumidores adopten otras plataformas, podrán elegir la que más les convenga dependiendo las condiciones del mercado. Con lo anterior, se aminoran los efectos de red. La tecnología permite, precisamente, que se reduzcan casi a cero los costos de cambiar de plataforma en el momento que se requiera. Para exigir mejor transporte, no hay mejor manera que castigando en las urnas a quienes gobiernan mal.

No todo lo que comemos es lo que comemos

Hace unos día, la organización Oceana presentó un reporte sobre  el incorrecto etiquetado en restaurantes de productos hechos con Cangrejo Azul de las costas de Maryland y D.C., en Estados Unidos. En muchos de los restaurantes del área se vende la receta de Crab Cakes y dicen que se hace con dicha especie de cangrejo. Resulta que investigadores de Oceana determinaron que en 47% de los casos en Annapolis, 39%, en D.C. y 9% en Maryland Eastern Shore. Es decir, los consumidores compran algo pensando en el ingrediente (éste es un atractivo turístico del área) y acaban consumiendo 8 especies distintas a las del cangrejo azul de Maryland (vean estudio completo).

Imaginemos el caso aquí en México. Ir por cecina de Yecapixtla y que no sea de ahí, o mole negro de Oaxaca que esté hecho en China. O el caso de los cortes Argentinos, que en México no se permiten; pues la carne traída de las pampas está prohibida desde el caso de la fiebre aftosa. ¿Cómo cuidamos esto? Para los consumidores, sin duda es muy difícil saber si lo que comen es de donde dicen los restaurantes. Si el gobierno interviniera, sin duda sería un despropósito, se generarían altos costos de verificación, y daría pie a abusos típicos de los órganos verificadores. Lo mejor es que los restaurantes adopten programas de certificación, sellos de calidad (que se otorguen con metodologías claras y transparentes) y que hagan programas de autorregulación, para evitar que quienes hagan malas prácticas afecten a quienes si venden lo que dicen que venden.

Resultados Generales, OCEANA

¿Por qué está así el precio del huevo?

Huevo

Estacionalidad del precio del Huevo

La gráfica muestra el cambio de los precios del huevo por mes en el periodo 1970-2011. Como se puede apreciar, históricamente entre marzo y junio alcanza sus valores más bajos, mientras que entre julio y octubre los más altos. Lo anterior, tiene que ver con factores climatológicos y de los ciclos de producción del huevo.

Con todo lo anterior, los siguientes actores han declarado que el alza que observamos hoy es producto de factores estacionales: Unión Nacional de Avicultores, Consejo Nacional Agropecuario, Sagarpa. Probablemente, a ellos les sorprendió el alza y decidieron declarar algo que parece no tener sustento en los datos agregados de cambios en los precios del producto.

Por otro, la Profeco ha dicho que el punto del alza se encuentra en que las comercializadoras de huevo exhiben a los vendedores precios más altos que aquellos a los que realmente compran a los productores. Es decir, de acuerdo a esta versión hay una manipulación por parte de los intermediarios que tiene como efecto el alza en los mercados. De ser verdad esto, ¿por qué no se observaron estas alzas antes? ¿Qué impedía a los comercializadores realizar esta práctica? ¿Hay denuncias de vendedores que observaron alguna alza atípica?

La producción del huevo en 2014 alcanzó un máximo con 2.5 millones de toneladas, contra las 2.3 que se registraron en 2012 cuando se registró la crisis de gripe aviar, por qué entonces estas alzas. Hay que recordar que México es uno de los principales consumidores de huevo fresco en el mundo, cada mexicano consume, en promedio, alrededor de 20 (+/- 2) kilos de huevo al año y es la principal fuente de proteína animal de los deciles de ingresos más bajos de la población. Hasta 2012, los precios relativos del kilo de huevo eran los más baratos en el mundo ($10 a $15 pesos), y por la producción nacional no había importaciones, por lo que fluctuaciones en precios relativos del exterior no afectaban los precios nacionales.

La crisis de la gripe aviar de 2012, modificó las condiciones de mercado. De hecho, debido a la disminución de la producción se abrió la importación del huevo desde Estados Unidos y otros países, y se eliminaron aranceles de importación para países con los que no se cuenta tratado comercial. Lo anterior, pudo tener como efecto que los precios domésticos se homologaran a los precios internacionales, por lo anterior, a pesar del aumento en la producción no se han observado reducciones en el precio, pues los productores obtienen mejores condiciones a los precios internacionales.

Por otro lado, el precio del huevo se determina principalmente por lo que suceda en el mercado de la pasta de soya y maíz, por lo que la depreciación del peso puede ser uno de los factores que estén alzando los precios. Lo anterior depende de la magnitud de las importaciones que se hagan de alimentos, así como de los comercializadores que sigan importando huevo de Estados Unidos (en lugar de comprar huevo nacional). De hecho, en enero de este año, de acuerdo con datos del Departamento de Agricultura de los Estados Unidos las exportaciones de huevo de ese país hacia México aumentaron 91.5% (comparado con enero de 2014). En suma, el tipo de cambio y la anterior apertura del mercado pueden ser las razones por las que observemos un alza en el producto.

Finalmente, se tienen que verificar las políticas públicas en materia agraria que se han hecho en este mercado. Por ejemplo, una de las razones por las que la gripe aviar pegó tan fuerte en la producción fue porque ésta se encuentra concentrada en Jalisco (55%), por lo que la entrada del virus en esa entidad afectó a la mayor parte de la producción. En ese entonces se repartieron apoyos para descentralizar la producción, habrá que revisar cómo se utilizó el dinero y si verdaderamente ha funcionado. De lo contrario se siguen proponiendo puras ocurrencias para un alimento tan importante para los mexicanos. Además, si como la Cofece ha planteado en estos mercados hay prácticas monopólicas y éstas encarecen los productos hasta en 40%, habrá que ver el efecto de los cambios del precio en el huevo en los hogares más pobres.

Engordar al Estado

En una reciente nota en el diario El Economista se mostró que los mexicanos prácticamente no modificaron su conducta a raíz del impuesto a los refrescos, derivado de la reforma fiscal que entró en vigor en 2014. De hecho, de acuerdo con datos de Euromonitor, el consumo per cápita de refrescos en 2014 fue de 111 litros, cifra similar a los 111.8 que se registraron en 2009. Mientras datos de encuesta (BCG) muestran que las personas han hecho poco o nada para cambiar sus hábitos, además de que ven este impuesto como una afectación a su ingreso disponible.

Por otro lado, el ganador fue la SHCP que derivado del IEPS a las bebidas endulzadas o saborizadas alcanzó ingresos por 18,254.9 millones de pesos, en su primer año de aplicación. ¿Lo gastó en temas relacionados? De hecho no, hay denuncias porque no hay un plan todavía para instalar los bebederos en las escuelas, además la ASF mostró cómo se han gastado mal los recursos en los temas de combate a la obesidad y sobrepeso. No sorprende dado que como se señaló, se construyó primero la política fiscal antes que la sanitaria en el tema de obesidad.

En fin, en ese año 2013, cuando se discutía la reforma, en Central Ciudadano y Consumidor publicamos un estudio en el que hicimos una amplia revisión de la relación entre impuestos y efectos sobre obesidad. La siguiente tabla es parte del estudio, queda claro por qué a un año del gravamen se observan esos resultados.

Autor Resultado Medido Precio o medida impositiva estudiada Población de Estudio / Datos Resumen de resultados
Estados Unidos
Auld y Powell (2009)[i] IMC Precio de frutas, verduras y comida rápida Adolescentes (14 y 17 años). Encuesta Monitoring the Future (1997-2003). N=73,041 Asociación significativa entre precios y resultados en IMC. Para precio de comida rápida la asociación es inversa y para la fruta y verdura, directa.
Chriqui, Chaloupka y Powell (2009)[ii] IMC Impuestos a refrescos en tiendas y máquinas expendedoras Adolescentes. Encuesta Monitoring the Future y datos contextuales de impuestos a nivel estatal entre 1997 y 2006. Analizan datos entre 1997 y 2006. Sus resultados muestran que no existe relación estadísticamente significativa entre los impuestos estatales al refresco y el IMC en adolescentes.
Beydon, Powel y Wang (2008)[iii] IMC y Obesidad Precios de frutas, verduras y comida rápida Adultos (20 a 65). Encuesta Continua de Ingesta de Comida por Individuos. 1994-1996. N=7,333. Los resultados no muestran asociación estadísticamente significativa entre los precios de la comida rápida y el IMC u obesidad. Asociación no significativa entre precios de frutas y verduras y obesidad o IMC. Elasticidad precio negativa significativa entre precio de frutas y verduras e IMC.
Chou, Grossman y Saffer (2004)[iv] IMC y Obesidad Precios de la comida en restaurantes, precios de los restaurantes de comida rápida y precios relativos de la comida en casa Adultos (edad>18 años). Sistema de Vigilancia de Factores de Conductas de Riesgo. 1984-1999. N=1,111,074 Elasticidad precio negativa estadísticamente significativa para el precio de los restaurantes tanto para IMC como para obesidad. Elasticidad precio negativa estadísticamente significativa del precio de la comida en caso tanto para IMC como para obesidad. Elasticidad precio negativa para los precios en restaurantes de comida rápida para IMC y no significativa para obesidad.
Kim y Kawachi (2006)[v] Prevalencia de obesidad a nivel estatal en Estados Unidos Impuestos en bebidas dulces y snacks Promedios estatales para adultos. Sistema de Vigilancia de Factores de Conductas de Riesgo. 1991-1998. No hay diferencias estadísticamente significativas en obesidad entre los estados que tienen impuesto y los que no tienen.
Miljkovic, Nganje, y de Chastenet (2008)[vi] Sobrepeso y obesidad Precios del azúcar, papas y leche entera Adultos (edad>18 años). Sistema de Vigilancia de Factores de Conductas de Riesgo. 1991, 1997 y 2002. N=55,550. Aumentos en los precios del azúcar y la leche entera están asociados significativamente con menor probabilidad de obesidad, mientras que el aumento en precio de las papas está asociado con mayor prevalencia de obesidad.
Lin, Smith, Lee y Hall (2011) Peso e ingesta calórica Impuesto a bebidas dulces (Sugar-sweetened beberages) Adultos y niños. Diversas encuestas nacionales. Mediante un modelo de simulación, aplica un impuesto hipotético del 20% a las bebidas dulces. Estima que hay una reducción en las calorías ingeridas al día en una pequeña cantidad. Los resultados demuestran que las hipótesis impositivas sobre estiman los resultados en pérdida de peso hasta en un 63% para el primer año de aplicación.
Fletcher, Frisvold, Tefft (2010)[vii] IMC y ingesta calórica Impuesto a bebidas dulces Adolescentes y Niños. Encuesta Nacional de Examen de Salud y Nutrición y bases de impuestos a nivel estatal en EUA. 1998-2006.N=20,953 Analizan el impacto de los impuestos estatales en el consumo de bebidas dulces. Los datos demuestran una reducción moderada en la cantidad consumida en niños y adolescentes, adicionalmente, esta baja no parece haber impactado en el crecimiento de la obesidad, pues se ve sobre compensada con el consumo de otras bebidas calóricas.
México
Barquera, Hernández-Barrera, Tolentino, Espinosa, Rivera, Popkin, y  Ng Wen (2008)[viii] Calorías consumidas Simulación de aumento de precio Encuesta Nacional de Salud y Nutrición 2006 y Encuesta Nacional de Ingreso Gasto de los Hogares, 1989, 1998 y 2006. Encuentra que la elasticidad precio por refrescos es positiva lo que sugiere que se trata de un bien normal, por lo que a cambios en el ingreso hay cambios en el consumo (más ingreso, más consumo). Asimismo, encuentra que hay una relación negativa entre un aumento simulado del 10% a los precios de estas bebidas y su consumo. Hace el experimento de elasticidad cruzada con leche entera y salen unos resultados modestos en cuento al consumo. Advierten de los problemas metodológicos del estudio y de la necesidad de analizar más a fondo y a nivel individuo estas relaciones.

[i] Auld, M.C.; and, Powell, L. Economics of Food Energy Density and Adolescent Body Weight. Economica. 2009.

[ii] Powell, L.; Chriqui, J.; Chaloupka, FJ. Associations between State-Level Soda Taxes and Adolescent Bodymass Index. Journal of Adolescent Health Sep 45(3Suppl):s57-63. 2009.

[iii] Beyound, M.A.; Powell, L.M.; and, Wang, Y. The Association of Fast Food, Fruit and Vegetable Prices with Dietary Intake among US Adults: Is There Modification by Family Income? Social Science and Medicine 24(8):1032-39. 2008

[iv] Chou, S.Y.; Grossman, M.; and, Saffer, H. An Economic Analysis of Adult Obesity: Results from the Behavioral Risk Factor Surveillance System. Journal of Health Economics 23(3):565-87. 2004.

[v] Kim, D.; and, Kawachi, I. Food Taxation and Pricing Strategies to “Thin Out” the Obesity Epidemic. American Journal of Preventive Medicine 30(5):430-37. 2006.

[vi] Miljkovic, D.; Nganje, W.; and, de Chastenet, H. Economic Factors Affecting the Increase on Obesity in the United States: Differential Response to Price. Food Policy 33(1):48-60. 2008

[vii] Fletcher, Jason M., Frisvold, David E. and Tefft, Nathan, The Effects of Soft Drink Taxes on Child and Adolescent Consumption and Weight Outcomes (August 26, 2009). Available at SSRN: http://ssrn.com/abstract=1464542 or http://dx.doi.org/10.2139/ssrn.1464542

[viii] Op. Cit. 34

La ciencia atrás de regalar mejor

En esta época de dar y recibir regalos, que coincide con el mexicanísimo maratón Guadalupe – Reyes (12 de diciembre al 6 de enero), la mayoría sufre por encontrar el adecuado. En la opinión de algunos intercambiar regalos, con conocidos o desconocidos, es el mayor generador de grinchs de la época.

Y de alguna manera tiene razón:

  • En su clásico paper sobre los regalos navideños, Joel Waldfogel estima las pérdidas en bienestar que se generan por los regalos que se escogen mal. Una de las lecciones que se pueden sacar de su investigación es que los regalos recibidos generan mayor utilidad si quien te regala conoce bien tus preferencias. Lo anterior, porque los más cercanos cuentan con mayor información sobre gustos, los objetos que tenemos, los que nos faltan, etc. Por lo demás, creo que en ese caso es mejor regalar efectivo, pues los individuos son más hábiles escogiendo sus propios regalos.
  • En el NYT, Josh Barro parte de la investigación de Waldfogel y adelanta que las tarjetas de regalo (piense en Amazon, eBay, iTunes, etc.) de hecho pueden solucionar parte de los problemas que observaba Waldfogel, debido a que es como si te dieran dinero en efectivo y acabas seleccionando el mejor regalo para ti. Presenta, también, una visión alternativa sobre los regalos, la de su padre Robert Barro, quien asegura que se pueden regalar cosas que no sabías que querías hasta que las tienes. Por supuesto, para que funcione la teoría de Barro debes conocer bien a la persona y lo que hace.
  • Bourree Lam en The Atlantic también sigue a Waldfogel y concluye que otro buen regalo son las tarjetas de regalo digitales, pues las tradicionales muchas veces no se ocupan y generan de nuevo una ineficiencia en el mundo de los regalos navideños. Recomienda que si te dan un regalo que no te gusta vayas a cambiarlo, y si te dan una tarjeta, la uses.
  • Por último, Tim Harford en el FT y en su página, también analiza a Waldfogel y presenta evidencia de investigaciones recientes hechas en Harvard y Stanford en las que se observa una amplia discrepancia entre quien otorga el regalo y quien lo recibe.  El primero, tiende a comprar regalos más caros de los que espera el receptor y probablemente haga una elección desinformada; el segundo, preferiría que alguien viera su lista de regalos y le diera algo de lo que está en ella, nada de andar inventando (es buena idea hacer una wish list pública en Amazon).

Siguiendo a Harford:

“…la conclusión es simple: No hay necesidad de dejar de comprar regalos de navidad, pero debemos gastar menos y prestar más atención a lo que los destinatarios en realidad quieren”

[De hecho, la maravilla de escribir una carta a Santa Claus es, precisamente, que se revelan las preferencias individuales y se asignan mejor los regalos]

¿Fraccionar Google?

En días recientes ha habido un amplio debate en la Unión Europea sobre las prácticas comerciales de Google. Esta vez se dio dentro del Parlamento Europeo en el que se aprobó un punto de acuerdo para que el órgano de competencia de la Comisión Europea cierre de una vez por todas el caso contra Google que lleva desde 2010.

Historia reciente del caso

En 2013, la Comisión de Competencia determinó los siguientes elementos dentro del caso de prácticas anticompetitivas:

  • La muestra de los resultados de búsqueda especializada de Google en un forma mayor que la de sus competidores. Los usuarios no pueden distinguir los resultados.
  • El uso de información de terceros por parte de Google sin su consentimiento
  • Obligación a terceros de obtener la mayor parte de su publicidad en línea de Google.
  • Restricción de transferencias de campañas on-line.

En febrero de 2014, se llegó a un acuerdo preliminar entre la Comisión y Google en el que se planteaba lo siguiente:

  • Google daría a los proveedores de contenidos formas de evitar el uso de su contenido en los servicios de búsqueda especializados de Google si así lo desean, sin ser penalizado por Google.
  • Google eliminaría los requisitos de exclusividad en sus acuerdos con los proveedores para la prestación de los anuncios de búsqueda; y
  • Google eliminaría las restricciones para hacer campañas de publicidad en plataformas distintas a Google.

Este acuerdo tampoco se concretó y hubo cambio en la Competencia de la Comisión Europea. Por lo que no se ha llegado a un acuerdo final. Este acuerdo del parlamento (que no es viculante) busca que la Comisión imponga sanciones y recomienda fraccionar la compañía, es decir, separar el motor de búsqueda de los servicios comerciales que ofrece.

¿Qué tan grande es Google?

A nivel global ocupa el 58% del mercado de búsquedas en Internet, mientras que en algunos países de la Unión Europea este porcentaje llega al 90%.

GraphBuscadores

Entender Google

Una de las razones de por qué se ha tardado la Comisión Europea en poner punto final al caso, es que éste representa un reto para entender la teoría de la competencia. Los motores de búsqueda en línea están construidos bajo esquemas de teoría de redes. De hecho uno de los cofundadores de Google hizo público el algorítmo PageRank que fue el primero en usar la compañía para indexar búsquedas.

[Aquí pueden hacer una simulación de PageRank]

En este caso entre más usuarios tenga la red y más búsquedas realicen en el motor, éste se vuelve más eficiente y se puede personalizar más fácil. Es decir, ser monopolio genera mayores beneficios al consumidor, que si no lo fuera. Esto último es contraintuitivo a lo que sucede con los monopolios tradicionales. Sin embargo, hay eurodiputados, como Ramón Tremosa (Convèrgencia) que afirman lo siguiente:

“Google da un trato preferencial a sus servicios comerciales. Tiene el 90% del mercado en muchos países europeos y las empresas están perdiendo ingresos y se está despidiendo a la gente como consecuencia de eso. No estamos en contra de Google ni de ninguna otra compañía estadounidense. Estamos en contra del monopolio”

Definitivamente hay que distinguir entre conductas anticompetitivas y querer atacar al monopolio sólo por ser monopolio (por lo que ya decía de las eficiencias). Por otro lado hay que pensar que el ritmo de la economía digital probablemente es distinto (Ley de Moore) y que el mercado ha ido cambiando conforme cambian las propias tendencias de consumo. Un día Netscape fue un monopolio, lo mismo Internet Explorer o Windows, que ya no lo son.

Pensar en los consumidores

Parece que una de las razones por la que los parlamentarios europeos buscan que se impongan sanciones en este caso es para proteger a sus compañías de tecnología. Por ello afirman que la “discriminación” de Google hace que éstas pierdan dinero y empleos. El acuerdo de feberero ofrecido por Google buscaba precisamente que se pudieran distinguir dentro de la página del buscador tanto los resultados de otros buscadores especializados como las ofertas comerciales de terceros, aunque no se concretó.

El centro del debate se debe trasladar a la información y transparencia que se ofrece a los consumidores en los resultados de búsqueda. Lo anterior, no necesariamente significa fraccionar la compañía, en ese caso la Comsión debería evaluar, primero, los costos y beneficios de hacerlo, probablemente el consumidor se esté benefciando de la estructura de mercado de Google.

Una vez determinado esto, lo que sí debe ser el motor de los organismos de competencia en casos como el de Google es el derecho a la privacidad y uso de datos personales de los usuarios: ¿Cómo se utilizan estos datos? ¿Qué ventajas en el mercado le dan a la compañía? ¿Dejan en desventaja al usuario frente a la compañía? ¿Cómo se resguardan estos datos? ¿Qué relación hay entre gobiernos y compañías sobre el uso de datos? Así sugiero que se haga una política de competencia centrada en el usuario y buscar sus beneficios más que proteger competidores (o posibles competidores).

ACTUALIZACIÓN (11 DE DICIEMBRE DE 2014)

La encargada de transparencia de competencia Margrethe Vestager ha pedido actualización de información sobre el caso, antes de decidir el curso de acción por parte de la Comisión.

El factor cool

¿Qué hace a los productos o personas cool?

En el mercado generalmente observamos productos que si bien son del mismo tipo (p.e. tenis, ropa, café, etc.) éstos difieren entre marcas, modelos y servicios. De alguna manera cada producto trata de ser único en su tipo y por lo tanto entre éstos no hay sustitutos perfectos. Por otro lado los consumidores buscamos diferenciarnos entre nosotros comprando un producto que sea acorde a nuestros gustos y que dé una señal sobre nosotros a otras personas.

Existe una percepción generalizada de que lo cool vende, que importa para posicionar marcas y atrae a los consumidores que prefieren comprar productos con estas características. Probablemente sea cierto, pero lo cool es un concepto difícil de definir y, por lo tanto, de cuantificar. En el número de agosto 2014 del Journal of Consumer Research se publicó un artículo muy interesante sobre lo que hace que los consumidores perciban las cosas como cool o no[1].

Este artículo es importante para dos públicos, por distintas razones. Por un lado, a las empresas les puede servir para ver cómo los consumidores definen lo cool, qué características toman en cuenta, qué valores lo representa. Por otro lado, a los consumidores nos hace pensar sobre nuestras propias actitudes hacia las marcas, sobre los patrones culturales vigentes y por qué consumimos los que consumimos.

¿Qué es lo cool?

En su paper, Warren y Campbell plantean que después de una revisión de literatura se pueden observar cuatro elementos que definen lo cool:

  • Es una construcción social. Lo cool sólo es tal porque es percibido así por otras personas, no es algo inherente a los objetos o personas.
  • Es un concepto subjetivo y dinámico. Lo que se percibe como cool cambia a través del tiempo y es distinto para cada consumidor.
  • Es una cualidad que se percibe como positiva
  • Contar con características positivas y ser deseado no es suficiente para ser cool. En otras palabras, no es otra manera de decir que algo es bueno.

¿Con qué valores o actitudes se define lo cool?

CoolGraph1

Ver Warren y Campbell, 2014

 

Siguiendo a otros investigadores, proponen que existe una relación entre lo cool y la percepción de autonomía que existe en un objeto (o en usar ese objeto). Pero esto depende de la norma sobre la cuál diverge el comportamiento autónomo. En uno de sus experimentos confirman que la autonomía limitada (respecto a la cosmovisión del consumidor) es lo que más fuerte relación tiene con la percepción de lo cool (no la “autonomía extrema” o la no autonomía, es decir la no divergencia con el patrón cultural actual). De hecho, su conclusión es que las marcas y personas que divergen de la norma en una manera que parezca apropiada son las que se perciben como los más cool.

Implicaciones

No todas las marcas o personas pueden ser cool todo el tiempo para todas las personas. De hecho, al ser un concepto dinámico, es una mala estrategia para las marcas globales tratar de parecer cool, a menos que quieran ser marcas de nicho. Un ejemplo claro es Harley Davidson que se ha mantenido como cool para los consumidores que se definen más contraculturales, mientras que otras marcas son percibidas demasiado mainstream para ser cool (Strbucks, Gap). Otra de las conclusiones de Warren y Campbell es que este estudio puede ayudar a los que diseñan las campañas en contra de venta de bebidas/cigarros a menores, decir únicamente “no hagas esto” puede exacerbar la conducta que se quiere evitar, quizás, dicen, hacer que esas conductas se asocien con lo mainstream o la conformidad con el statu quo puede ser más efectivo.

[1] Waren, Caleb; Campbell, Margaret C. 2014. What Makes Things Cool? How Autonomy Influences Perceived Coolness. Journal of Consumer Research, Vol. 41 No. 21, August. Pp. 543-563.

Reguladores hambrientos

Revisando el Financial Times me encontré con una nota que parecía broma, pero que en realidad se trata de una ocurrencia (¿?) regulatoria en Francia. Resulta que hace unos meses el parlamento francés aprobó una pieza legislativa de protección al consumidor, el decreto público No. 2014-797, en el que se establecen las bases para que los restauranteros usen el término “hecho en casa” y se promueve la utilización de un distintivo para tal propósito. El legislador, con esta acción, pretende acabar con una práctica común en restaurantes: comprar cosas hechas en otro lugar y servirlas en los restaurantes. También pretende disminuir el uso alimentos que se han modificado fuertemente en un proceso industrial antes de llegar a la cocina. Los restaurantes que cumplan con lo establecido en la regulación podrán usar en sus menúes un distintivo que representa un sartén adentro de una casa o usar la leyenda “hecho en casa” (Fait-Maison).

(Foto del New York Times)

Obviamente, la regulación ha provocado fuertes discusiones entre los chefs. En nota del New York Times un cocinero dice que para él es un insulto, pues vive de su reputación por preparar lo mejor y más fresco a sus comensales. Hay quienes dicen, y con razón, que preparar las cosas en la cocina del lugar no necesariamente está relacionado con la calidad del plato. Más precisos, hay quienes se quejan de ciertas arbitrariedades de la ley, por ejemplo la pasta para hacer croissants (pâte feuilletée) la puedes adquirir ya hecha, pero la pasta para la base de algunas tartas (pâte brisée) no (y claro no podrías usar el sello de hecho en casa). Lo mismo pasa con las verduras, puedes comprar producto congelado (que no tenga aditivos), y mientras el chef haga una vinagreta hecha en casa puede usar el sello, pero eso no aplica para las papas a la francesa, pues sería terrible no hacerlas en tu propio restaurante.

¿Ganan algo los consumidores con esta regulación? Difícilmente. En primer lugar, no hay manera de verificar la regulación. El directorado de competencia y protección a los consumidores de Francia, iniciará los operativos de verificación hasta enero de 2015, y difícilmente va a poder comprobar que un croissant fue hecho o no en casa, por lo que al final los restaurantes pueden incluir el sello cuando no deben hacerlo y desinformar a los consumidores. También se puede dar el caso de que algún renombrado chef se niegue a usar el sello, aun cuando todo esté hecho con ingredientes frescos en su cocina. Sospecho que como mecanismo de información a los consumidores va a servir de poco. En segundo lugar, sigue estando atrás una arbitrariedad de la autoridad, no queda claro qué es lo que se busca regular, ni qué beneficios trae la regulación comparado con el estado actual de las cosas. Como señala Tim Harford en el FT, sólo porque exista un problema no significa que una nueva regulación va a resolverlo (Just because a problem exists does not mean that a new regulation will solve it).

En tercer lugar, genera un problema de competencia en el menú. Imaginemos que en la carta de postres puedes escoger entre un pastel de chocolate (que no preparó el chef, fue un outsourcing) y unos frutos rojos con crema batida (que sí preparó el chef). Estos últimos mostrarían el sello de hecho en casa mientras que el pastel de chocolate no, el distintivo podría disuadir al consumidor de comer el este último, pues podría pensar que el distintivo hace un “mejor producto” a los primeros. Lo anterior, también tendría incidencia en los precios de los productos, probablemente los chefs que usen el distintivo aumentarán el precio de los artículos que lo ostenten en su menú. Por último, creo que atrás de la regulación hay una preocupación de los franceses por el gasto que se hace en las cadenas de comida rápida, en 2013, por primera vez, se gastó más en este tipo de establecimientos que en restaurantes locales, lo que, estoy seguro, muchos piensan que está acabando con la comida tradicional francesa. Dudo que esta regulación sirva para preservar el legado de esta cocina al mundo. Más bien los legisladores deberían pensar en cómo hacer más competitiva la industria restaurantera local (probablemente los precios de la comida rápida son el primer elemento de decisión del consumidor sobre un restaurante local; y como decía, la nueva regulación puede hacer que los precios aumenten, por lo que seguramente menos consumidores comerán las comida “hecha en casa”).

Regreso a México

Claramente este tipo de ocurrencias no son exclusivas de los franceses. En México se ha iniciado un debate regulatorio en la misma industria restaurantera. Desde el año pasado, ha habido un boom de la comida callejera con la aparición de los Foodtrucks. Estos carros de comida, son clásicos en muchas ciudades en Estados Unidos, y ofrecen todo tipo de alimentos. Claro que el fenómeno de la comida callejera no nos es ajeno. Desde la época prehispánica en los tianguis, hasta la moderna vendedora de garnachas, o los afamados “tacos de cajuela” aquí nos gusta comer en la calle. Sin embargo, nunca se ha pensado en regular lo anterior, pues todos se benefician de la comida callejera, a pocos les importa las condiciones sanitarias o de seguridad de los consumidores. La cosa con los Foodtrucks es distinta, han adquirido popularidad, son claramente identificables y tienen una asociación comercial formal. Lo anterior, da incentivos a que legisladores o la propia Cámara de la Industria de Restaurantes y Alimentos Condimentados (CANIRAC) clamen  por su regulación.

Foto: Mía. Barra Vieja, uno de mis Foodtrucks favoritos.

Estos camiones son una innovación en la industria gastronómica de varias ciudades del país. Más que hacer una legislación especial, se debería de buscar un estándar que daban cumplir. Muchos de los que tienen estos camiones, son empresas formales (contrario a la comida callejera) y buscan la manera de llegar a su mercado. Si los restauranteros los ven como “competencia desleal” es porque ofrecen productos de una calidad similar o mayor que establecimientos fijos. Pienso que a través de instrumentos normativos ya existentes se busque establecer un piso común para los Foodtrucks (evitar la competencia desleal entre ellos) y nos pensar en proteger con legislaciones a otro gremio. En la medida en que se permita la innovación en el mercado de los alimentos preparados y se asegure la competencia de los agentes económicos, observaremos menores precios y mejor calidad para todos a quienes nos gusta comer bien.

Hablemos de mercado, Leo

En los últimos días Leo Zuckermann ha causado controversia con un provocador artículo en el que argumenta (¿?) que no se justifica la existencia del Fondo de Cultura Económica. Incluso ante las críticas y respuestas recibidas reitera que no cree que el Estado deba gastar dinero público en editar, distribuir y vender libros, pues para ello el mercado y las nuevas tecnologías alcanzan.

Pensando en los consumidores le propongo a Zuckermann que hablemos de este tema en serio y veamos las características del mercado del libro en México.

Más allá del valor social que pueda tener el FCE, creo que es importante verlo como un agente económico. Hasta ahora no ha habido ninguna investigación en contra del FCE por algún comportamiento abusivo en el mercado del que se pudiera derivar alguna distorsión (abuso de dominancia, práctica monopólica relativa, etc.). Por el contrario, compite directamente con otras librerías y editoriales tanto estatales como privadas por el mercado de lectores en México. En este punto se debe de notar lo siguiente, al obtener fondeo gubernamental esta institución, como agente económico, puede asumir riesgos que difícilmente un agente privado asumiría: por ejemplo, puede decidir editar un libro con bajísimo atractivo de mercado sólo por aportar una traducción al español de un contenido especializado; o puede editar libros gubernamentales que dudo que alguien más publique. Sobre los anterior, propongo mejor valorar las razones por las cuáles el FCE pasó de ser una empresa (S.A. de C.V.) con participación mayoritaria del Estado a un organismo público descentralizado. Esta transición ocurrió en 1994, con lo que además de editorial se dotó al organismo de funciones estatales como la difusión de la cultura. Asimismo, al ser agente público se debe observar si cumple con estándares de transparencia para su toma de decisiones y los resultados sobre el gasto que ejerce.

Una vez saldado este punto, y dado que a Zuckermann, quien se asume pro mercado, le preocupa que haya competencia en el sector hablemos de las reglas del juego.

En este espacio y en otros, hemos reiterado que el ciudadano es a la democracia lo que el consumidor al mercado. Ambos enfrentan reglas para ejercer su libertad de voto en las elecciones o de compra en el mercado. Hay regulaciones que generan efectos no deseados en el comportamiento de los agentes y acaban resultando más costosas, otras se justifican por los beneficios que obtiene la sociedad en su conjunto. Así en el mercado de los libros en México existe la Ley de Fomento a la Lectura y el Libro (LFLL), que está en vigor desde 2008 y entre otras cosas establece un precio único a los libros.

Esta Ley fue controvertida desde el principio. Fue presentada en 2005 por el Senador Tomás Vázquez (PRI) y se proponía un precio único que fijarían los editores e importadores de libros en México y sería el que regiría para la venta al público. Este precio tendría una vigencia de 3 años, después de los cuales se podría sujetar a ofertas, descuentos o cualquier otra estrategia de mercado. En ese entonces la Comisión Federal de Competencia se pronunció en contra, y con base en estos argumentos la Ley fue vetada por el Presidente Fox. La comisión dejaba claro que era difícil que cierto tipo de librerías pudieran mantener un stock de tres años antes de poder aplicar estrategias de venta. Además de que este precio no tomaba en cuenta los distintos costos de distribución y formato (digital) de los volúmenes a lo largo del país y que por lo tanto, los editores elegirían un precio tal que cubriera estos costos. Esta fijación de precios constituiría una práctica monopólica absoluta.

Una vez que el Presidente Fox regresó la Ley a la cámara, ésta fue guardada en la congeladora y se retomó el proceso legislativo en 2008, con una nueva legislatura y un nuevo presidente. Se hicieron cambios a la ley original, por ejemplo, bajaron el periodo de tiempo de tres años a 18 meses y eliminaron una disposición que obligaba a las instituciones públicas a destinar 4% de su presupuesto para la compra de libros y la difusión de la lectura. Con estos cambios la ley se aprobó en ambas cámaras y fue publicada por el Presidente Calderón el 23 de julio de 2008. Desde entonces cada editor tiene que registrar los precios únicos ante el Consejo Nacional de Fomento para el Libro y la Lectura (CNFLL), y éste podrá aprobar o negar el precio, en caso de aprobarse será el que se observe en el mercado y en caso de no, los editores o importadores tendrán que volver a solicitar el registro para su aprobación, y será el precio vigente los siguientes 18 meses.

Además de lo anterior, el reglamento de dicha Ley además impone la restricción a los formatos de venta:

“Artículo 19.- El precio único de venta al público regirá en todos los lugares donde se lleve a cabo la venta de libros, sean espacios físicos, virtuales o digitales, independientemente del método o procedimiento a través del cual se efectúe su comercialización.” (Reglamento LFLL)

Lo que impone un costo adicional e innecesario a librerías y ediciones digitales. Lo anterior, reduce el bienestar de los consumidores y de hecho limitaría el acceso a los libros digitales.

Pensemos mejor entonces si se justifica la existencia de estas distorsiones de mercado y de la CNFLL, de acuerdo a la Encuesta Nacional de Lectura 2012, los mexicanos leen en promedio 2.94 libros al año, un avance de unas décimas respecto a su medición en 2006 (2.6). Es decir, poco ha fomentado la lectura estas reglas del mercado. Si nos interesan más que la desaparición del FCE, deberíamos de pensar si los mecanismos del mercado, como está actualmente, son los adecuados para hacer más accesibles los libros en todos sus formatos para los mexicanos.