Formalidad, ahorro y consumidores

Por Carlos Martínez Velázquez (@carlosmartinezv)

Cuando uno contrata a un plomero para su casa, normalmente acude a aquel que conoce desde hace mucho tiempo, ya sea porque es el que lleva en la misma cuadra “toda la vida” o porque es el recomendado de papás, suegros, hermanos o amigos. Lo anterior evidencia algo simple, queremos que aquel profesional que se meta a nuestras casas sea, de alguna manera, confiable, aun cuando no sea el más profesional en su trabajo. Se otorga más valor a la confianza que a la técnica.

En la misma situación podemos contar otros profesionistas como carpinteros, cerrajeros, herreros, etc. Lo anterior, ha generado un mercado donde no hay incentivos claros a la profesionalización, pues en caso de que un plomero quisiera invertir en su capacitación y profesionalización elevaría su capital humano y por lo tanto los precios que ofrece en el mercado. Sin embargo, como ya lo decíamos probablemente el consumidor prefiera al confiable, que probablemente ofrezca menores precios. De esta manera tanto el consumidor como el oferente se encuentran en un sub óptimo: menor bienestar para el consumidor (trabajos deficientes/ineficientes/lo-pego-con-plastiloca) y menores ganancias para el productor (le-cobro-lo-necesario-para-sacar-la-semana).

Ahora analicemos qué pasa en la vida de nuestro plomero. En primer lugar, trabaja en un modo de autoempleo de manera informal (pone su teléfono afuera de su casa o a fuerza de hacer trabajos caseros en casa de la familia X se volvió plomero y esta familia su agencia de colocación), lo que le impide tener acceso a elementos de seguridad social (salud, vivienda, pensión). Además, es poco probable que nuestro plomero tenga un tabulador de precios, por lo que, a falta de una planeación, no sabe cuánto ingresa al mes ni cuánto gasta ni cuánto podría invertir para capacitarse ni cuánto podría ahorrar. Sobre esto último, además, hay otra tragedia, si nuestro plomero tiene 48 años y acabara su vida productiva a los 65 años (2030), tendría todavía una esperanza de vida de 18 años, en los que no tendría ahorros, acceso a la salud o trabajo.

Pasemos ahora al consumidor. Cada cierto tiempo tiene alguna misma falla en la regadera, pues la llave no funciona, el empaque de la manija se rompió, el tracto de la regadera tuvo una fuga. Para ello siempre recurre a nuestro plomero que, obvio, fue recomendado por la suegra que vive en la misma colonia y asegura que es mejor que el plomero sea honesto a que sea bueno. Así nuestro plomero hace arreglos insuficientes a la regadera cada vez y por ello cobra aleatoriamente entre 100 y 200 pesos, difícilmente está disponible cuando nuestro consumidor lo necesita o a veces queda un día y llama unos minutos antes para oír la espantosa frase de “qué cree, que ya le quedé mal”. Así nuestro consumidor, queda siempre insatisfecho, pero no importa porque el costo es tan bajo que puede soportarlo con regularidad.

En México, tenemos un sistema de ahorro para el retiro que cumplió apenas 16 años y que busca incentivar el ahorro para que se pueda vivir mejor después de una vida laboral productiva. El sistema hoy acumula ahorros que representan 13% del PIB Nacional, sin embargo por el monto que aporta cada trabajador (6.5% del salario) y teniendo en cuenta que para 2050 habrá 23 millones de mexicanos el sistema será insuficiente. Además hay que tomar en cuenta que dentro del sistema queda fuera el gran porcentaje de los trabajadores que se encuentran en el mercado informal.

De esta manera, se deben buscar soluciones desde la sociedad civil y la empresa para contribuir a la profesionalización de estos gremios y su formalización. En países como Estados Unidos la disyuntiva plomeriana de confianza/técnica, se ha resuelto a través de mecanismos de acreditación como los que impulsa la Better Business Bureau (www.bbb.org), con lo que para ser acreditado debes estar precisamente en el mercado formal. Así nuestro plomero tendría que estar constituido formalmente, contar con seguridad social, capacitación profesional, y una planeación financiera que le permita pagar su acreditación. Nuestro consumidor contaría con un sello para identificar plomeros técnicamente buenos y confiables y, aunque pagaría más, sería correspondiente a su satisfacción.

Soluciones como esta, surgidas desde la empresa, pueden ayudar a formalizar tramos de empleo, incentivar el ahorro y dejar más satisfecho al consumidor.

Entrada originalmente publicada aquí: http://www.weblogmexico.com/Articulo.php?id=24#.Ug5F5JJNXoI