¿Vetará EPN la #Ley3de3?

Después de la controvertida aprobación de las leyes que conforman el sistema anticorrupción, ha surgido la petición para que el Presidente vete los artículos 29 y 32 de la nueva Ley de Responsabilidades. Por lo pronto, la petición tiene ya 80 mil firmas y la Presidencia ha pospuesto el evento de promulgación del paquete de leyes. Ahora bien, ¿podemos esperar realmente un veto del Presidente?

De acuerdo con un estudio de Magar y Weldon (2001), el veto presidencial en México fue utilizado ampliamente entre 1917 y 1969[1]. De hecho, se vetaron 245 proyectos de ley en el periodo, principalmente sobre temas de jubilaciones y pensiones (154). En dicho periodo, los presidentes que más utilizaron esa facultad fueron: Plutarco Elías Calles, Emilio Portes Gil y Pascual Ortiz Rubio. No es casual que durante el llamado Maximato se haya utilizado más esta figura, en 8 años (1924-1932) hubo 3 presidentes que enfrentaron congresos divididos y, a través de Calles se empezaba a formar el régimen de partido único.

Una vez consolidado el régimen, entre 1969 y el año 2000, no se observó ni un solo veto presidencial. Hay que recordar que fue hasta 1997 cuando el Ejecutivo enfrentó un congreso dividido y en el 2000 hubo alternancia en el poder. Entre el año 2000 y el 2012, observamos que los presidentes volvieron a usar esta facultad, que tiene como propósito hacer visibles sus preferencias sobre política pública. En total se ha usado en 26 ocasiones.

En los más completos estudios sobre el veto en México (Montiel Olea, 2010 y 2013) se muestra que esta figura ha sido utilizada por los ejecutivos de manera total y manera parcial[2]:

VetosCesar

Tomada de Montiel Olea (2013)

En lo que va del sexenio del Presidente Peña Nieto no se ha observado el uso de esta facultad de relación con el congreso, y sólo ha hecho uso de la iniciativa preferente una sola vez. Por el contrario, desde la concepción del “Pacto por México” ha buscado que haya consensos en las cámaras que reflejen sus preferencias y que él pueda publicar sin problemas. Sin embargo, en el caso de la #Ley3de3 se ha observado una división clara de las bancadas en el congreso y una exigencia social inusitada, que va desde las más de 630 mil firmas por la iniciativa ciudadana hasta empresarios tomando el Ángel de la Independencia.

Puede ser que el Presidente, contrario a la tradición más priísta de los últimos presidentes del S. XX, decida usar esta facultad que le da el artículo 72 constitucional. Podría mandar una enmienda a los artículos 29 y 32 de la Ley de Responsabilidades, que podrían ser revisados por el Congreso para a la vez que puede publicar el resto de las leyes del sistema. La ventaja del veto parcial es que da una nueva oportunidad de diálogo con el Congreso. Como decíamos, el ejercicio del veto revela las preferencias reales del Presidente sobre esa Ley, si lo ejerce puede mostrar su compromiso con la ciudadanía, si no lo hace sabemos lo que significa.

ACTUALIZACIÓN (23/04/2016)

El Presidente mandó enmiendas las leyes del sistema anti corrupción. Es un veto parcial (enmiendas), que el Congreso tendrá que discutir.

[1] Magar, Eric, y Jeffrey Weldon (2001), “The Paradox of the Veto in Mexico (1917-1997)”. Presentado en la 60th Annual Midwest Political Science Association meeting, Palmer House Hilton, Chicago, Illinois. Abril 26.

[2] Montiel Olea, César. (2010) Repensando los poderes presidenciales: un estudio del veto total y parcial en México, 1997-2009. Tesis de Licenciatura en Ciencia Política, ITAM. Y ver: Montiel Olea, César (2013). “Presidential vetoes in practice: a preliminary study for Argentina, Brazil, and Mexico”. Documento de trabajo, Department of Politics, NYU.

Jalisco, la debacle anunciada del PAN (y los partidos)

“All politics is local”

Tip O’Neill

Los resultados del domingo pasado fueron en general malos para Acción Nacional: en la cámara de diputados obtienen su porcentaje más bajo desde 1991; pierden Sonora, aunque ganan Querétaro; avanzan en el DF, a pesar de las denuncias de corrupción en su contra, pues lo hacen gracias al avance de Morena; se van a lejano tercer lugar en Nuevo León, donde también pierden la capital, y muchos otros. Pero me llama la atención el retroceso que sufre en Jalisco, en la capital apenas logró poco más del 9% de los votos y no ganaron ni uno solo de los 20 distritos locales, después de que gobernaron la entidad entre 1995 y 2013. Ejemplos similares en otros partidos son los resultados del PRD en el Distrito Federal y del PRI en Nuevo León.

Jalisco, junto con la zona del bajío y los territorios del movimiento cristero, fue cuna del primer panismo. En 1942, Acción Nacional presumiblemente ganó el ayuntamiento de El Grullo, y aunque no logró tomar posesión fue la primera victoria municipal de la oposición en medio de un régimen autoritario y centralista. El estado, además fue cuna del primer candidato a la presidencia de la república por el PAN, Efraín González Luna, y de otro más en 1970, Efraín González Morfín. Décadas después, luego de las luchas por las gubernaturas de Chihuahua y Baja California en los 80, Acción Nacional gana el gobierno de Jalisco en 1995, que junto con Baja California y Guanajuato, son los que más años ha gobernado. En las elecciones estatales de 2012, pierde el gobierno después de 18 años y lo devuelve al viejo PRI. Tres años más tarde el PAN está marginado del espectro político de la entidad.

Que toda política es local es algo que parecía entender bien el PAN desde su fundación. Este principio parte de que el municipio es la base del contacto del ciudadano con lo público, es ahí donde se ejercen las primeras y más importantes libertades políticas, es también el espacio de conexión más directo entre la provisión de servicios públicos y la demanda de calidad por los mismos. Así el PAN fue ganando desde lo local espacios para conseguir su crecimiento nacional, entendía el voto como una expresión de la realidad más inmediata de los ciudadanos, por eso, como dice Soledad Loaeza, el PAN se fue nutriendo de distintas visiones que llegaban al centro a defender intereses muy locales. Eran distintos los militantes del norte y su presión por un gobierno que diera libertad a los empresarios, a los más conservadores del centro y sur que buscaban medidas redistributivas.

Pero, los 12 años del PAN en la presidencia significaron el alejamiento de estos principios. Las políticas dictadas desde el centro y las posiciones públicas del partido empezaron a importar más que las necesidades locales y su representación. El PAN cayó en la lógica del centralismo heredado del PRI, en cada elección local o federal pretendían hacer una lectura sobre el actuar nacional, no se explicaban cómo si los presidentes Fox o Calderón tenían alta aprobación de la ciudadanía no se veía reflejado en los resultados electorales del PAN. Desde el centro se trató de mejorar eso a costa de invisibilizar y solapar excesos, escándalos y corruptelas a nivel local.

En Jalisco, el PAN, aprovechando el monopolio electoral estatal, la cámara local casi a modo, y el gobierno reiterado de los municipios de la zona metropolitana de Guadalajara, dejó de escuchar las necesidades más inmediatas de sus electores y se dedicó a hacer política nacional. No hay que olvidar que fue un gobernador de Jalisco quien “destapó” a Felipe Calderón para la presidencia, Francisco Ramírez, que después ocuparía la Secretaría de Gobernación. Otro ex gobernador, Alberto Jiménez fue también secretario federal, ambos, desde sus carteras intentaron acrecentar su poder político en lo local. El resultado fue claro: Alberto Cárdenas, después de ser gobernador, pre candidato a la presidencia de la república y secretario de estado, no fue capaz de obtener votos suficientes para ganar la alcaldía de Guadalajara.

En lo más reciente, las tensiones entre el partido a nivel nacional y local terminaron en una importante escisión del PAN. Ricardo Rodríguez, quien había sido secretario general del partido en Jalisco, diputado federal y consejero nacional por el PAN, entre otros cargos, renunció a la bancada del partido en el congreso local para declararse independiente en 2013. La razón, fue su desacuerdo con una dirigencia estatal que a través del coordinador panista de los diputados negociaba con el gobierno de Aristóteles Sandoval plazas para sus allegados. También denunció los excesos y gastos del gobierno saliente, junto con otros destacados panistas como Víctor Sánchez. El PAN, lejos de investigar a sus propios militantes, optó por expulsar a Ricardo del partido.

A este movimiento de denuncia, se unieron otros tres diputados panistas, quienes junto con los de Movimiento Ciudadano formaron el G-9, un bloque que planteó una agenda legislativa común y opositora al gobierno estatal y que rechazaban la corrupción y componendas que organizaba el propio PAN para mantener sus privilegios. Lejos de que el partido hiciera algo, hoy esos tres panistas enfrentan procesos de expulsión por la comisión de orden. Se quisieron callar escándalos de corrupción locales con el pretexto de no manchar la imagen nacional del partido, ya de por sí en declive por los ánimos a Montana, y a costa de sus votantes.

En el 2014, Diego Monraz dejó también las filas del PAN, después de criticar las decisiones de la dirigencia y llamar a una alianza con Movimiento Ciudadano, a su salida dio los resultados de un sondeo que había hecho en su municipio, Zapopan, en el que se concluía, entre otras cosas, que:

  • Los ciudadanos ya no creen en los partidos, el 35 por ciento señala que el más corrupto es el PRI, seguido por el PAN con 22 por ciento.
  • Más de la mitad de los zapopanos están desilusionados del PAN y hartos del PRI, por eso aseguran que un partido diferente debe gobernar.
  • A pesar de tanta desilusión e indignación de la gente, el 80 por ciento distingue que todavía hay políticos buenos y malos. La mayoría de los consultados dijo que el partido más confiable es Movimiento Ciudadano.

Estos mensajes demostraban, desde entonces, que el PAN era un partido que más que escuchar a su militancia, prefirió buscar el mantenimiento de los privilegios de su élite. Perdió esa noción localista que los caracterizaba, dejó de ser atractivo para los ciudadanos como instrumento de acceso al poder. El movimiento iniciado por Alfaro en 2012, y la estructura de Movimiento Ciudadano abrieron su cauce a esos ex panistas, y ciudadanos en general, que se veían poco representados por el partido que los había gobernado durante décadas. Los resultados electorales de 2015, dan cuenta del poder del voto en mandar mensajes de castigo a los partidos que no son capaces de estar a la altura de las expectativas que cada ciudadano deposita en su voto.

En su libro sobre los partidos políticos, Robert Michels planteaba que conforme los partidos y organizaciones crecen, dejan de ser democráticos y se vuelven espacios en el que las oligarquías buscan la manutención de privilegios. Si no hay otra opción que los partidos, los dirigentes tratan de perpetuar sistemas cerrados que van cambiando muy lentamente. Pero la apertura del sistema, el pluralismo y los mecanismos como candidaturas independientes, muestran que los ciudadanos pueden abandonar a estas estructuras vetustas y oligárquicas. No es casual que en todo este acontecer en Jalisco se hayan caído los muros del sistema con el ejemplo cívico de Pedro Kumamoto, cuya candidatura ciudadana inspira y refresca la política. Los partidos no tienen más que renovarse o morir.

ResultadosGDL2

ResultadosZapopan

Voto nulo, de castigo y transición democrática. Re-lectura de algunos textos de Lujambio.

Hace algunas semanas discutía con mi amigo César Montiel (@oleacesar) sobre la calidad de algunos análisis que hacen los columnistas en los medios de comunicación en México. César concluía que a muchos les hace falta enfatizar los efectos que ha tenido la transición política y el pluralismo en ciertas variables de la vida institucional, estoy de acuerdo. Traigo esto a cuento por la infinita discusión que se ha dado en torno al valor del voto nulo en México. Aquí mismo, en diciembre del año pasado, decía que era un tema que se tenía que discutir tanto como se hizo en el 2009.

No voy a adentrarme en los detalles de la discusión, basta que se asomen al TL de @javieraparicio (contra el anulismo) o de @ppmerino @denisedresserg o @jicito (a favor). En general diría lo siguiente, quienes llaman a un voto de castigo apelan a la idea de generar contrapesos en el sistema y hacer con ello más funcional a la oposición. Del otro lado, muestran que es inútil generar estos contrapesos en un sistema atrofiado que no tiene conexión con las preferencias de los ciudadanos, por lo que pretender castigar con el voto es poco menos que un absurdo.

En este debate quisiera meter algo a favor de ambas perspectivas, porque creo que tienen razón y que en realidad están viendo dos momentos del sistema, conectados en la propia historia de la transición, que en varios ensayos y libros documentó Alonso Lujambio.

La oposición que sirve

Releí algunos de los ensayos recogidos en el libro de “Estudios Congresionales”, en ellos, Lujambio, a través del análisis de la composición del congreso mexicano, estudia la transición política del país. Cada escaño que perdía el PRI construyó el camino a la democratización de México. Fue el PAN, por ejemplo, el que presionó al gobierno por la reforma electoral de 1963 en la que se introduce la figura de diputados de partido. La elección del 58 fue tan inequitativa para el PAN que éste pidió a los diputados que había ganado que no se presentaran al Congreso y retiró a sus representantes de la comisión electoral, lo que obligó al régimen a emprender reformas para mantener la legitimidad del sistema.

Este precedente fue clave para las reformas que siguieron, el gobierno contaba con una amenaza creíble de que la oposición podía poner en aprietos un sistema autocrático. Desde entonces empezó a crecer la oposición en la cámara, se hicieron reformas electorales, económicas y sociales que probablemente el régimen no hubiera hecho sin la presión opositora. La irrupción del PRD a finales de los 80 aceleró el ritmo de cambio que se venía gestando desde la década anterior.

Tomada del libro

Tomada del libro “Estudios Congresionales”

En otra obra (Democratización vía federalismo), Lujambio analiza cómo el cambio en la distribución del poder desde la periferia presionó la democratización a nivel federal. Desde la primera alcaldía que ganara el PAN en El Grullo, Jalisco en 1942 (aunque no se logró tomar posesión), la que siguió en Quiroga (1946), hasta la obtención del registro como partido político nacional en 1948, como opositor presionó desde la esfera local por cambios en la legislación electoral que tuvieron impacto hasta el nivel federal. A través del reclamo de cada victoria, aún a costa de las amenazas del régimen, se logró la mejor representación de los intereses locales. México no sólo tenía hijos de la revolución, si no pequeños comerciantes, empresarios y ciudadanos que encontraron en el PAN una auténtica plataforma de participación política, como lo muestra Soledad Loaeza en su extenso estudio sobre el PAN.

Del lado del PRD, su aparición demostró que el PRI no era invencible, que era posible una opción de izquierda fuera de la familia revolucionaria que uniera a los antiguos partidos socialistas y que representara una salida política viable, desde la izquierda, para miles ciudadanos, como lo explica de manera clarísima Kathleen Bruhn. Su papel de vigilante al gasto y promotor de políticas redistributivas ha generado mayor atención a temas de política pública como pobreza, discriminación, inclusión económica, entre otros.

Con estos breves recortes quiero decir que la generación de contrapesos efectivos al sistema ha sido motor de buena parte de los cambios institucionales a lo largo del tiempo.

La oposición en su comodidad

En “Adiós a la excepcionalidad mexicana”, Lujambio decía que precisamente la llegada del gobierno dividido era un parteaguas para la dinámica institucional del país. Por primera vez, el partido gobernante tenía que hacer alianzas en el congreso, todos tenían que re-aprender su papel dentro de la democracia mexicana. Y así fue. Desde entonces ningún presidente de la república ha gobernado con mayoría. Todos han tenido que pelear (salvo el periodo del Pacto por México) por sus reformas. Pero se mantenía una peculiaridad dentro del sistema, a pesar de la fragmentación moderada del congreso (tripartita) se observaba la cooperación entre las fuerzas políticas desde el principio del gobierno dividido.

De hecho, Lujambio en “El acertijo constitucional. A seis años del gobierno dividido en México”, decía que esa configuración del congreso presionaba a que los partidos asumieran posiciones públicas de sus actos. Y que si bien se corría el riesgo de parálisis se limitaba la irresponsabilidad:

“…La parálisis entendida como indefinición es peor que la continuidad del status quo producto de desacuerdos discutidos, deliberados, argumentados y votados. En la parálisis-indefinición reina la irresponsabilidad. Por el contrario, cuando algo se aprueba o se rechaza en el Pleno de las cámaras, cuando se vota finalmente un asunto, cuando se fijan posiciones, los partidos se responsabilizan cabalmente de ello ante los ciudadanos (y ya ellos se encargarán de juzgar, desde su óptica política e ideológica, si la posición adoptada por éste o aquel partido es responsable o irresponsable”. (ALI. El acertijo constitucional)

Lujambio mostraba su convicción democrática por el disenso, asignaba a los partidos la tarea de responsabilizarse como contrapesos mutuos y dejaba al ciudadano la libertad de elegir entre sus opciones. Pero, este texto del 2003 no vio la historia completa de la pluralidad política en México. El sistema se fue reformando, la oposición obtuvo más espacios, las reformas de transparencia de principios de los 2000 mostraron que se pueden traducir las preferencias de la ciudadanía en piezas legislativas útiles y que generan rendición de cuentas. Pero, no se avanzó en concretar mecanismos de conexión directa entre los políticos y la ciudadanía a través del voto.

En el artículo 59 Constitucional (reelección) está la clave, como lo escribiera Lujambio. Si bien la constitución de 1917 no prohibía la reelección consecutiva de legisladores, en 1933 se prohibió por un afán de control del régimen “revolucionario”. Fue hasta 2014 cuando este mecanismo se reintrodujo en la legislación, aunque sufrió modificaciones que siguen dejando a los partidos el control de la carrera de los políticos[1].

Lo que ha pasado es que la oposición no ha logrado impulsar reformas que verdaderamente hagan participe al ciudadano de lo público. La pluralidad política que trajo la primera ola de reformas políticas evidencia, con el paso del tiempo, la necesidad de mejores arreglos que incluyan al ciudadano en la definición del interés general. El sistema de contrapesos ha fallado para acercar a los ciudadanos a la política. Los partidos políticos han fallado en ser instrumentos de la ciudadanía para el acceso al poder. Los ciudadanos no cuentan con canales suficientes dentro del sistema para expresar sus preferencias. Se reformó el 59, pero con un sesgo hacia los partidos antes que hacia el ciudadano.

Todavía no hemos probado cómo funcionará la reelección en México, pero sabemos que su legislación quedó limitada. Que la última reforma electoral dejó regulaciones costosas para los ciudadanos que quieren participar en la política de manera independiente. Es claro, entonces, por qué una parte importante del debate del voto nulo es sobre la representación política y papel de la oposición en México. Lo anterior, nos plantea un dilema de cara a la elección, generar contrapesos al régimen o evidenciar el mal funcionamiento del sistema (anulando) para presionar un cambio institucional mayor.

¿Cómo salir? Se debe ver que es un dilema aparente, en ambas vías la probabilidad de que una reforma ocurra son inciertas, no hay garantías (en todo caso se podría elegir al azar entre castigar o anular). Si bien la historia de la transición muestra que la apertura y democratización se dio a través de los partidos, también se debe analizar lo que ha ocurrido en los últimos años. La pluralidad política y social ubicó a la oposición en una situación de comodidad y autocomplacencia. Dejaron de luchar por mejor representación para la ciudadanía, y, por el contrario, ataron sus espacios de poder a los recursos que podía distribuir el sistema. La aparente competencia electoral y formación de nuevas expresiones políticas hizo que olvidaran abrir nuevos canales de representación.

Sin embargo, considero que la oposición política y los contrapesos democráticos generan mejores condiciones para el cambio en el largo plazo. Si el anulismo plantea una agenda de transformación, lo debe hacer también quienes voten pensando en construir contrapesos. Esta agenda debe plantear al incumbent los costos de la no reforma (en pérdida de escaños) y mostrar a la oposición encumbrada los beneficios de la conexión con la ciudadanía para la supervivencia democrática[2]. La estrategia tiene sentido, para despertar en los partidos la “ambición presidencial” de la que hablaba Lujambio y con ello hacer funcional (como lo ha sido en muchos casos) el sistema de pesos y contrapesos de la incompleta democracia mexicana.

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[1] La primera reforma para eliminar esta anomalía democrática la presentó Alfredo Reyes Contreras del desaparecido PPS, en 1989, posteriormente la presentaron legisladores de distintos partidos entre los que destacan: Demetrio Sodi (PRD, 2003); Raymundo Cárdenas (PRD, 2003); Felipe Calderón (PAN, 2002); Francisco Yunes Zorrilla (PRI, 2001); Omar Fayad (PRI, 2003); Germán Martínez (PAN, 2004). Ya como Presidente, el propio Calderón la presentó dentro de su decálogo de reforma política en 2009.

[2] Incluso esto último podría aligerar las cargas clientelares de los partidos. Al haber más incertidumbre sobre los resultados, el voto clientelar tiene menor valor.

Ser Animal Político

Hace unos días, Animal Político inició una campaña para recaudar fondos de entre los lectores que decidieran sumarse como parte del financiamiento del medio. Esto es muy importante porque es una apuesta al periodismo libre, a depender cada vez menos de financiamiento público y a trabajar por, para y con los lectores.

¿Por qué es importante?

Uno de los cuestionamientos de los sistemas democráticos es que los ciudadanos no cuentan con información suficiente para decidir por X o Y candidato, ni para juzgar su desempeño después. Esto impide o limita la toma de decisiones razonadas respecto de las acciones de los gobernantes. Este fenómeno, ha generado que haya quienes pidan que sólo deberían de votar los más educados o alguna idiotez por el estilo.

Lo cierto es que este aparente problema se resuelve a través de los medios de comunicación. Luppia y McCubbins en su libro de El Dilema Democrático ponen las cosas en claro con el siguiente modelo principal-agente:

  • Principales: votantes/ciudadanos
  • Agentes: gobernantes
  • Problema: costos de monitoreo e información
  • Resolución del problema: voceros (medios, organizaciones, amigos, etc.)
    • Instituciones determinan si principales perciben a voceros como confiables (persuasión, intereses, conocimiento)

Lo anterior significa que los ciudadanos podremos evaluar mejor el trabajo de las personas a las que contratamos (políticos) en la medida en que terceros asuman los costos de monitorear sus acciones e informarnos (medios).Si la información difundida sea confiable tendremos más elementos para hacer un juicio.

Discernir en la pluralidad

En una democracia, además se espera que haya tantas visiones del mundo como personas la conforman. Por lo mismo debemos esperar tantos medios como sean acordes con la pluralidad. Los ciudadanos a través del consumo de información vamos aprendiendo sobre los sesgos e intereses que encabeza cada medio. Por lo que muchos dejan de ser voceros confiables de lo que pasa.

Ejercicios como el que presentó Darío Ramírez, y que ha hecho desde hace tiempo Artículo 19, dan cuenta de las agendas y confiabilidad de los medios. Ante sucesos como los de Iguala y las manifestaciones derivadas de ello, hay medios que han decidio no reportarlo o hacerlo a medias. El silencio, parece, es proporcional al monto que reciben de publicidad oficial.

Apoyar la democracia

Contar con medios que ayuden a resolver el dilema democrático, a la vez que pueden mantener agendas independientes a las del gobierno son fundamentales, no sólo para el ejercicio periodístico, si no para la ampliación de un marco de libertades. Por eso importa ayudar a Animal Político, no sólo como medio independiente, si no como plataforma para otros voceros ciudadanos como organizaciones sociales, académicos y líderes de opinión.

Importa, porque es un llamado a que los ciudadanos fortalezcamos un medio de comunicación, a pesar de que seguirá siendo gratuito para todos (lo que nos lleva al dilema de los bienes públicos, que no voy a discutir). Quien decida hacerlo es sólo para mostrar su compromiso por contar con mayor información sobre lo público y ayudar a que otros la puedan tener. Ser aliado de Animal Político, es entonces una apuesta y una señal ciudadana de apoyo a una mejor democracia.

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Disclaimer: Mi organización, Central Ciudadano y Consumidor tiene un blog dentro de Animal Político, el cual les recomiendo.