¿Vetará EPN la #Ley3de3?

Después de la controvertida aprobación de las leyes que conforman el sistema anticorrupción, ha surgido la petición para que el Presidente vete los artículos 29 y 32 de la nueva Ley de Responsabilidades. Por lo pronto, la petición tiene ya 80 mil firmas y la Presidencia ha pospuesto el evento de promulgación del paquete de leyes. Ahora bien, ¿podemos esperar realmente un veto del Presidente?

De acuerdo con un estudio de Magar y Weldon (2001), el veto presidencial en México fue utilizado ampliamente entre 1917 y 1969[1]. De hecho, se vetaron 245 proyectos de ley en el periodo, principalmente sobre temas de jubilaciones y pensiones (154). En dicho periodo, los presidentes que más utilizaron esa facultad fueron: Plutarco Elías Calles, Emilio Portes Gil y Pascual Ortiz Rubio. No es casual que durante el llamado Maximato se haya utilizado más esta figura, en 8 años (1924-1932) hubo 3 presidentes que enfrentaron congresos divididos y, a través de Calles se empezaba a formar el régimen de partido único.

Una vez consolidado el régimen, entre 1969 y el año 2000, no se observó ni un solo veto presidencial. Hay que recordar que fue hasta 1997 cuando el Ejecutivo enfrentó un congreso dividido y en el 2000 hubo alternancia en el poder. Entre el año 2000 y el 2012, observamos que los presidentes volvieron a usar esta facultad, que tiene como propósito hacer visibles sus preferencias sobre política pública. En total se ha usado en 26 ocasiones.

En los más completos estudios sobre el veto en México (Montiel Olea, 2010 y 2013) se muestra que esta figura ha sido utilizada por los ejecutivos de manera total y manera parcial[2]:

VetosCesar

Tomada de Montiel Olea (2013)

En lo que va del sexenio del Presidente Peña Nieto no se ha observado el uso de esta facultad de relación con el congreso, y sólo ha hecho uso de la iniciativa preferente una sola vez. Por el contrario, desde la concepción del “Pacto por México” ha buscado que haya consensos en las cámaras que reflejen sus preferencias y que él pueda publicar sin problemas. Sin embargo, en el caso de la #Ley3de3 se ha observado una división clara de las bancadas en el congreso y una exigencia social inusitada, que va desde las más de 630 mil firmas por la iniciativa ciudadana hasta empresarios tomando el Ángel de la Independencia.

Puede ser que el Presidente, contrario a la tradición más priísta de los últimos presidentes del S. XX, decida usar esta facultad que le da el artículo 72 constitucional. Podría mandar una enmienda a los artículos 29 y 32 de la Ley de Responsabilidades, que podrían ser revisados por el Congreso para a la vez que puede publicar el resto de las leyes del sistema. La ventaja del veto parcial es que da una nueva oportunidad de diálogo con el Congreso. Como decíamos, el ejercicio del veto revela las preferencias reales del Presidente sobre esa Ley, si lo ejerce puede mostrar su compromiso con la ciudadanía, si no lo hace sabemos lo que significa.

ACTUALIZACIÓN (23/04/2016)

El Presidente mandó enmiendas las leyes del sistema anti corrupción. Es un veto parcial (enmiendas), que el Congreso tendrá que discutir.

[1] Magar, Eric, y Jeffrey Weldon (2001), “The Paradox of the Veto in Mexico (1917-1997)”. Presentado en la 60th Annual Midwest Political Science Association meeting, Palmer House Hilton, Chicago, Illinois. Abril 26.

[2] Montiel Olea, César. (2010) Repensando los poderes presidenciales: un estudio del veto total y parcial en México, 1997-2009. Tesis de Licenciatura en Ciencia Política, ITAM. Y ver: Montiel Olea, César (2013). “Presidential vetoes in practice: a preliminary study for Argentina, Brazil, and Mexico”. Documento de trabajo, Department of Politics, NYU.

No más clubes de “consumidores engañados”

Por Laura Méndez  (@lauramendez)

¿Alguna vez les ha sucedido que llegan con alguna autoridad y les dice “aquí no es” o “no puedo hacer nada”? Creo que para muchos esto puede sonar #típico. Lo cierto es que las autoridades están obligadas a recibir y atender sus peticiones, pues se trata del ejercicio fundamental del derecho de petición. Sin embargo, y desafortunadamente, la mera recepción de nuestros escritos o quejas no necesariamente significa que la autoridad vaya a actuar de conformidad con la ley, y es ahí donde cobra relevancia que los ciudadanos demos seguimiento a lo que los servidores públicos hagan, o dejen de hacer, en el ejercicio de sus funciones.

El pasado martes 24 de julio, la Procuraduría Federal del Consumidor (Profeco) publicó en el Diario Oficial de la Federación (DOF) los “Lineamientos para el Análisis y Verificación de la Información y Publicidad”. Los beneficios con la publicación de estos Lineamientos son muchos, entre ellos, generar certidumbre jurídica a los regulados sobre lo que la Procuraduría considera como publicidad engañosa o abusiva.

Desde mi perspectiva, lo más valioso de estos Lineamientos es que brindan a los consumidores herramientas para reclamar y exigir a las autoridades que actúen en la defensa de su derecho a la información. Lo anterior es así porque imaginemos que se encuentra al aire un anuncio publicitario que de acuerdo con los Lineamientos debe considerarse como engañoso o abusivo. Si un consumidor denuncia esta publicidad, la Profeco tendrá que hacer algo con esta denuncia y actuar de conformidad con lo establecido en los Lineamientos, de lo contrario, los servidores públicos que no lo hicieran incurrirían en responsabilidad.

Asimismo, con la publicación de estos Lineamientos, la Profeco reconoce la importancia de proteger derechos difusos como es el derecho a la información, en lo cual hasta hace unos años había quedado rezagada la institución. Hay que recordar que una publicidad engañosa lesiona los derechos de un número indeterminado de consumidores, muchos de los cuales acaban pagando por algo que nunca reciben, o que incluso daña su salud.

Por lo anterior, estos Lineamientos marcan un parte aguas en la labor de las autoridades para proteger a los consumidores. En adelante existen tres grandes retos. En primer lugar, una eficaz instrumentación por parte de la Profeco. En segundo, la responsabilidad de la industria para dar cumplimiento a la Ley teniendo mucho más claros los criterios de acción de la autoridad. En tercer, el papel de la ciudadanía en garantizar que estos Lineamientos sean efectivamente aplicados y que no haya vuelta atrás.

Los próximos seis años

Por José Jarero (@jjarero)

El candidato ganador, a partir del primero de diciembre tendrá en sus manos la onceava economía del mundo (1), respaldada con las mejores cifras macroeconómicas de mucho tiempo. En el mediano plazo, la economía global entrará en un ciclo de estabilidad y crecimiento, donde las grandes economías hoy contraídas, se expandirán a ritmos desiguales, las mejor posicionadas aprovecharán los espacios que habrán dejado las que estarán dedicadas a salir de la quiebra técnica en que se encuentran. Hoy para México y su nuevo Presidente se presenta la gran oportunidad histórica de arrancar en el top ten de las naciones en el nuevo y favorable ciclo económico que inicia.  ¿Estará a la altura del reto?

Las cifras macroeconómicas de nuestro país son hoy aplaudidas por el Mundo, las reservas internacionales (156 mil millones de dólares),  se equiparan con el rescate de una nación Europea, Grecia (164 mil millones), las tasas de interés son de una sola cifra, la inflación está controlada y en promedio con los países de la OCDE y hasta la tasa de desempleo (4.8%) es casi la mitad que el desempleo de Italia (9.4%) y ni que comparar con un insostenible dato de España (24.2%). Estos datos ubican a nuestro país en un estatus que antes nunca hubiéramos soñado.

Entonces, ¿dónde está el reto?

México es dentro de las grandes economías del orbe, sin embargo sigue habiendo un fuerte problema de desigualdad (2) . Hay mexicanos que se reportan con billones en dólares y son empresarios globales y en el otro extremo de la cuerda se encuentran 18 millones por debajo de la línea de pobreza extrema.

De los 80 millones de ciudadanos en el padrón, más de 45 millones han decidió acudir a las urnas y ejercer su derecho de votar, de los resultados podemos ubicarlos en un escenario de tercios, un ganador y otros dos candidatos con un número de votos muy importantes. Como primer resultado y el más importante de todos, el futuro Presidente hoy tiene a más del 60% de los electores en su contra y tendrá que reconocer que las mayorías quieren algo que él no puedo ofrecer y tendrá que entender ese mensaje.

Quiero pensar que está elección de tercios significa que los mexicanos quieren que se construya un Plan de Gobierno inspirado en lo que fue la Tercera Vía de Anthony Giddens, donde se tomen aspectos fundamentales de cada uno de estos partidos y se hagan a un lado ideologías. Se requiere una practicidad en la vida política para poder gobernar efectivamente los próximos años.

Urge un sistema de salud eficiente y para todos, fortalecer y transparentar los programas sociales, sobre todo a nivel local para que los 50 millones de mexicanos en pobreza sigan integrando al desarrollo nacional.

Los jóvenes, que son ahora jóvenes “globales” y que representaron más del 30% de los votantes, requieren un nuevo modelo educativo que les abra espacios y les permita enfrentar esta realidad de intercomunicación internacional y de  geoparticipación.

Las mujeres, que representan el 52% del padrón electoral, imploran seguridad para sus familias y que la lucha contra las drogas sea desde una óptica de educación y salud pública para el cuidado de sus hijos.

La corrupción es el cáncer que corre por nuestro país y la deberán atacar de fondo o nos seguirá consumiendo desde el corazón de la sociedad. El próximo presidente o hace de México  una potencia o la corrupción, la baja educación y la desigualdad descarrilaran más pronto que tarde esta esperanza de ser una gran potencia consolidada.

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(1) Escala establecida con base en el PIB y ajustada por PPP (Purchasing Power Parity). Medida en PIB nominal es la catorceava economía del mundo.

(2) Tomando como índice el coeficiente de GINI, en el que 0 es lo menos desigual y 100 lo más desigual, para 2010 México reporta 47 puntos. Economías como Brasil y Chile tienen una coeficiente de 54 y 52 respectivamente.

Voto por el respeto a la ley, voto por Josefina

Por Laura Méndez (@lauramendez)

Hace poco menos de 6 años entré a trabajar al Gobierno Federal. En aquél momento mi única experiencia con la administración pública habían sido los libros y mis clases de Derecho Administrativo. Ingresé en enero de 2007 a la Oficina de la Secretaria de Educación Pública, cuya titular era Josefina Vázquez Mota. A lo largo de varios meses pude darme cuenta no sólo de la calidad profesional de Josefina y su equipo de trabajo, sino también de la calidad personal y moral de cada uno de ellos.

Haber ingresado a este gobierno, encabezado por el Presidente Calderón rompía todos aquellos mitos de “la decepción” que un estudiante puede llevarse al encontrarse con la vida real. Al contrario, con Josefina y con este gobierno (colaboré posteriormente en Presidencia de la República) pude darme cuenta de que muchos más servidores públicos compartían y luchaban día a día por esos ideales. No faltaron aquellos momentos de reflexión, de cuestionamiento, pero eso es parte también del día a día: escuchar opiniones distintas, tratar de conciliar intereses opuestos y buscar siempre el interés general.

Quizá este Gobierno Federal es el único gobierno que conozco profundamente, pero puedo afirmar que durante estos cinco años he visto cómo Josefina Vázquez Mota y el Presidente Calderón, así como sus equipos, han ejercido sus cargos públicos respetando siempre las leyes y las instituciones.

No soy panista, ni adherente ni militante. Sin embargo, confieso que simpatizo con los ideales del partido y he creído que el proyecto del Presidente y del PAN va de la mano con mi convicción y compromiso por mi país.  Y así como yo, un gran número de personas se fueron sumando a este proyecto de forma institucional.

Finalmente, debo decir que estoy convencida que la democracia se construye con el diálogo y con el fortalecimiento de derechos y libertades, y aunque hay pendientes, este Gobierno ha avanzado en esa labor. Sin duda han existido errores, y se tienen que corregir, pero los aciertos son mayores. Yo no quiero el regreso del autoritarismo, del “tráfico de influencias” a cambio de derechos fundamentales. No quiero el regreso de aquellas historias que era fácil escuchar en los pasillos de Palacio Nacional que habían sucedido en los sexenios anteriores al año 2000. No quiero el regreso del engaño, del cinismo y de la mentira.

Por ello creo que sin duda Josefina Vázquez Mota es la mejor opción para dirigir este país; su proyecto y su equipo son los mejores incentivos para votar por ella este domingo.

Yo no creo que AMLO sea un peligro para México, pero no voy a votar por él

Por Nuria Valenzuela (@nuriav)

Pueden consultar el texto original aquí

El único peligro que yo veo para México es el PRI. Votar por el PRI –especialmente por el PRI de EPN –es votar a favor de la corrupción y la represión y en contra de la democracia, los derechos y las libertades, punto. Así, por encima de cualquier otra cosa, se encuentra mi antipriísmo recalcitrante. Es por eso que hace meses dije que en la pista presidencial votaría por quien se encontrara en un (claro) segundo lugar a menos de 10 pp de EPN, sin importar su color. Yo esperaba con todas mis fuerzas que el tercer lugar se quedara rezagado y que el segundo lugar repuntara, pero no fue así.

Hoy faltan cuatro días para las elecciones y mi intensa y politológica obsesión por las teorías de voto estratégico me obliga a reconocer que las cuentas no salen. Dadas las circunstancias, estoy convencida de que EPN será nuestro próximo presidente. Sufro. Pero es que sufrir no es suficiente, tengo que votar por alguien. En realidad, sólo tengo dos opciones: AMLO o JVM. Dado que el voto estratégico quedó descartado, me tuve que poner a razonar muy seriamente mi voto.

En términos generales, tuve que valorar lo que han hecho los partidos/candidatos en otras gestiones/pistas y las propuestas/plataformas que están presentando en campaña. Y digo en términos generales porque todo tuvo muchos matices.

En cuanto a gestiones anteriores debo decir que el gobierno de AMLO en el DF abiertamente me gustó. Me ha gustado más la de Ebrard, sí, pero tenemos que reconocer que las bases las puso AMLO. Por otro lado, tengo que decir que la lógica y atribuciones de los gobiernos locales son muy distintas a las del gobierno federal. El problema con JVM es que no ha tenido ningún puesto de elección popular. En ese sentido, sólo me queda decir que su trabajo en SEDESOL y la SEP me parece razonable.

Hablando más sobre los partidos, debo decir que hay muchas políticas del PRD que me gustan y con las que coincido (sí, las progres). Otras no tanto. Por otro lado, tengo dos grandes conflictos con el PAN: la implementación de sus políticas y su política de seguridad.

Me explico. Cuando digo que tengo problemas con la implementación de las políticas del PAN es porque me parece que en términos generales tienen buenas ideas, pero nunca han entendido que las buenas ideas no se implementan sobre un lienzo en blanco. Los gobiernos tienen que trabajar con estructuras, mecanismos, lógicas, incentivos que ya existen, que no desaparecen con cambios de partido gobernante. El PAN parece no darse cuenta de esto. Hay que trabajar con y sobre lo que ya existe, por complicado, enredado y sucio que se encuentre, no desde la inmaculada teoría. El PAN se sigue preguntando por qué su teoría no jala, si se ve tan bonita en los libros. En el gobierno del PAN he visto un sinnúmero de buenas intenciones pero pocos resultados. Me parece que en gran medida, la respuesta es que no han sabido incorporar a la realidad en sus consideraciones. A esto debo agregar el desasosiego que me provoca la poca capacidad que ha mostrado el PAN (en general) para cohesionar equipos y negociar. Son malísimos. Por otro lado, la política de seguridad y sus consecuencias me parecen absolutamente inaceptables. Punto. Hasta aquí, parece que me estoy encaminando a concluir que voy a votar por AMLO y sólo los engañé con el título. No tan rápido.

A la hora de revisar plataformas, propuestas y campañas, todo se me complica muchísimo. Para poder explicar por qué, tengo que hablar un poco sobre las ideas con las que coincido. Primero, en cuestión de derechos y libertades soy radical. Sí, para mí el tipo de junto puede encerrarse en su casa a morir por una sobredosis de heroína. ¿Quién soy yo para impedírselo? Yo, por mi parte, tengo mejores planes, pero no me gustaría que absolutamente nadie interfiriera en ellos (creo que es una obviedad, pero por si acaso, hago explícito que siempre y cuando no afecte las libertades/derechos de terceros). Evidentemente, casi me da algo cuando escuché a AMLO más de una vez proponer el poner a consulta los derechos. Mi conflicto aquí no es tanto el si lo haría o no (quiero pensar que ya a la hora de la hora esto no pasaría). Mi conflicto es que él crea que es una buena idea andar diciendo esas cosas, que no le salte, que se vaya a dormir tranquilo con esto. ESO es lo que me saca ronchas.

Es un problema de formas en general y lo de los derechos no es la única expresión de esto. En realidad, una gran parte de las quejas contra AMLO me parecen infundadas. Con respecto al desprecio a las instituciones, tendría que decir que no pero sí. Una vez más, no creo que estando en el poder realmente represente una amenaza para las instituciones. No, no lo creo. No tengo evidencia para asegurarlo. Pero en las formas, en el mensaje que manda, en la validación de la idea de fraude, en denostar cifras e instituciones cuando resulte conveniente, ahí sí me pierde. Me parecen estrategias de campaña muy chafas. Insisto, no creo que sea un peligro para nuestras instituciones, pero creo que sus formas son un tanto irresponsables ante la imagen de nuestras no muy arraigadas (y a mi juicio sí muy importantes) instituciones. Más ronchas. Son sus formas las que hacen que la gente crea que es mesiánico, populista y fuertemente incongruente. Yo no lo creo, pero insisto, sus formas simplemente no me gustan.

 (Si a formas nos vamos, no puedo dejar de mencionar que el discurso machista de JVM me molesta profundamente, sin duda, pero las formas de AMLO me molestan más.)

Probablemente piensen que eso de las formas es un argumento muy chafa para no votar por él. Tienen razón. Ese no fue el factor que determinó mi decisión (aunque sí es lo que hace que me caiga fatal). Donde se terminó de fregar el asunto es en la concepción de cómo resolver los problemas del país. Además de politóloga, soy economista del ITAM, con todo lo bueno y malo que eso implique o al menos parezca implicar. La verdad es que entré al ITAM creyendo que necesitaba conocer las ideas bien para poder criticarlas mejor. Al final, me di cuenta de que la idea del libre mercado me gusta y me convence. No, no me lavaron el cerebro, simplemente aprendí lo que la grandísima mayoría que utiliza el término “neoliberal” no sabe. Yo no sé de “políticas neoliberales”, para mí, es un término vacío que la gente usa sin ton ni son para criticar todo lo que les huela mal. De lo que sí sé es de políticas económicas neoclásicas o liberales. De eso sí sé y tengo una opinión muy clara al respecto.

Coincido no sólo con AMLO, sino con cualquier persona que pueda ver más allá de su nariz, en que nuestro país tiene un grave problema de pobreza, desigualdad y corrupción. En lo que no coincido es en la manera de atacar estos problemas. El libre mercado necesita ser libre para funcionar (de ahí su nombre, evidentemente) y el papel del gobierno debe ser el garantizar la corrección de fallas de mercado. Perdón, pero permitir que nuestra economía esté plagada de monopolios dista de ser una política neoclásica. Yo no puedo echarle la culpa al sistema económico liberal, sin haber visto que éste se haya implementado adecuadamente. Simplemente no puedo. Yo sí creo en las ventajas comparativas y competitivas, sí creo que México puede beneficiarse de las relaciones económicas con el exterior, sí creo en el poder de la competencia, sí creo en la inversión privada, no creo en los subsidios absurdos ni en los impuestos ineficientes (aunque sí creo que existen subsidios e impuestos adecuados y eficientes).

La realidad de México, sin embargo, me lleva a relajar mi liberalismo económico un poco más allá de ver el papel del gobierno exclusivamente como corrector de fallas de mercado. Creo que hay programas sociales que pueden resultar bastante benéficos y ayudar a disminuir los problemas de desigualdad y pobreza. A pesar de ello, de fondo, tengo un problema con AMLO.

Es justo en su propuesta económica donde encuentro las incongruencias y diferencias fundamentales. ¿Subsidio a la gasolina? ¿No que primero los pobres? Todo el mundo sabe que es uno de los subsidios más regresivos que existen (sin olvidar el impacto ambiental, por supuesto). A mí (Nuria) no me convienen los gasolinazos, pero a mi país sí. En vez de estar haciendo cuentas alegres que suenen bonitas en campaña, debería oponerse tajantemente a los subsidios a la gasolina y proponer el utilizar ese dinero en políticas sociales. Sí, para ayudar a los pobres en vez de beneficiar a los ricos. Otro ejemplo: ataca fuertemente las “políticas neoliberales” pero defiende férreamente la competencia y la eliminación de los monopolios. Bien, muy bien ahí, sólo que la lógica de esto proviene justamente de la teoría económica neoclásica. Sí, de aquel monstruo de mil cabezas llamado libre mercado. Uno más: combatir la corrupción y disminuir el sueldo de los funcionarios. Perdón, pero lo segundo incentiva lo primero. AMLO puede ser muy honesto, pero nada justifica que el resto lo sea. A mí me parece que lo que debe hacerse es eliminar los privilegios, no disminuir los sueldos. ¿Qué perfil de funcionarios estaría generando? La corrupción no es fácil de combatir y ¿propone complicar el asunto aún más?

En la parte económica tengo grandes coincidencias con el PAN (por lo menos ideológicas). Sí, a mí no me da miedo decir que las “políticas económicas de derecha” me gustan. La implementación no ha sido adecuada, no, pero el enfoque básico para resolver los problemas sí me gusta. Por otro lado, la estabilidad macroeconómica que le han dado al país me parece su logro más importante (por más lugar común que suene). ¿A qué voy? No me parece nada extraordinario, pero por lo menos no me causa el conflicto existencial de la propuesta de AMLO. Además, en el tema de la reforma política (que me parece fundamental para continuar con la construcción democrática del país), aunque no coincido del todo con nadie, la propuesta del PAN es la que más me gusta. No me gusta que quieran quitar legisladores de RP, pero estoy de acuerdo con el apoyo abierto a la reelección, por ejemplo (creo que le faltan cosas, pero ese es otro asunto). Siento que va por buen camino, es todo.

Por otro lado, el asunto del gabinete me parece un argumento bastante malo. La última vez que leí la Constitución, vivía en un presidencialismo donde el gabinete del Ejecutivo dependía del presidente. Por favor, si esto cambió, alguien infórmeme. La gente que propone puede ser muy buena, pero nada nos garantiza que trabajen bien como equipo, nada nos garantiza que los quite si no le funcionan, nada nos garantiza que aguanten hasta el final. ¿No resulta razonable pensar que alguno de ellos pueda llegar a hartarse de las formas de AMLO? Perdón, pero yo estoy votando por un presidente y su agenda. El gabinete que elija debe seguir esta agenda, son sus subordinados, no sus iguales. ¿Quieren votar por gabinetes? Pidan una reforma del sistema político hacia un parlamentarismo. Por lo pronto, hasta donde yo sé, vivimos en un presidencialismo.

Antes de llegar a la parte final y “más técnica” de mi justificación, me gustaría decir algo que admito, probablemente tiene que ver más con una percepción que con algo que pueda justificar convincentemente. Siento que el PRD, especialmente los AMLOistas de hueso colorado, tienden a ser más intolerantes que la mayor parte del PAN. Conozco, ciertamente, perredistas muy razonables, respetuosos y abiertos a otras ideas (sí, en la parte progre del PRD que tanto me gusta), así como conozco panistas yunquistas impresentables. Pero me parece que tomando un perredista y un panista al azar, las probabilidades de que el primero resulte más intolerante que el segundo son muy altas. Insisto, es sólo mi impresión.

Por último, voy a la parte de mi voto federal en su conjunto. Si quiero ser congruente, mi voto por AMLO implicaría un voto por el PAN por lo menos en la Cámara de Diputados. El problema es que sí hay una parte del PRD que me gusta, la parte que siento que podría suavizar el discurso “anti neoliberal” e intentar en cierta medida utilizar el libre mercado a su favor, la parte que tiene como elemento primordial de su agenda los derechos y libertades que a mí tanto me importan. En este sentido, creo que en la presidencia la persona influye más en el partido que el partido en la persona, mientras que en el caso del congreso, esto se matiza. Así, me parece menos costoso el sacrificar el voto por un candidato con una agenda con la que no concuerdo en muchos puntos fundamentales, que sacrificar la posibilidad de sentirme medianamente (o incluso grandemente) representada en el congreso. (Debo decir que me tranquiliza ver que lo peor de la izquierda está en las listas del PT, afortunadamente, puedo elegir no dar uno solo voto a los partidos chicos).

Nunca he votado por el PAN, pero este domingo, con mucho pesar, votaré por el PAN para la presidencia y por el PRD en las dos cámaras federales. Mis votos locales irán todos para el PRD porque me gusta el rumbo que está tomando mi ciudad y quiero que siga así. Ahí, afortunadamente, no tengo nada que pensar.

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Cuando leí el texto de Andrés aún no decidía mi voto, pero me pareció interesante la idea de exponer ideas y argumentos más allá de la decisión concreta. Me gustó como ejercicio democrático. Por otro lado, lo que realmente me motivó a escribir esto fue que no quiero darle mi voto al PAN sin hacer públicas las críticas que tengo al respecto. No sé, me deja más tranquila exponer esto independientemente de quién lo lea o de que en las urnas los votos no lleven justificación.

Voto por Josefina, continuidad diferente

Recuerdo todavía la elección de hace 6 años, se jugaba con otras reglas. La campaña arrancó a finales de enero y tuvo una duración de 6 meses. En febrero de ese mismo año se publicó una encuesta de la compañía GEA/ISA en la que mostraba un empate entre AMLO y FCH (30-30), desde ahí la competencia fue entre dos. A Roberto Madrazo lo había dejado solo su partido después del montaje que hicieron para elegirlo (TUCOM, Participación de Everardo Moreno), en la contienda, por más que sacó spots donde decía “te va a ir muy bien” y había criminales que se orinaban de miedo ante su dureza, no hubo forma de que remontara.

Mientras Felipe Calderón habló en la elección de empleo, seguridad y estabilidad económica, Andrés Manuel lo hizo de educación, combate a la corrupción y desarrollo social. El talón de Aquiles de AMLO fue el tema económico, las propuestas que planteó parecían anticuadas frente a la modernidad que ofrecía Calderón. Este tema fue el motor que impulsó la campaña del PAN y que le valió el triunfo el 2 de julio de 2006.

Han pasado casi 6 años y no han sido fáciles para el Gobierno del Presidente Calderón. No sólo decidió iniciar una lucha por la seguridad pública sino que le tocó enfrentar la fuerte crisis económica mundial que inició en 2008-2009 y de la cual no hemos salido del todo. También enfrentó la pandemia de la influenza, la peor sequía en décadas y las más grandes inundaciones y huracanes. Muchas cosas se han sorteado con éxito y otras no tanto pero el país ha cambiado en estos años.

Hay dos políticas fundamentales que se han acelerado en estos años. La primera es la de “pisos firmes”, imaginen que cuando llegó el S.XXI a México todavía 13% de las viviendas en el país tenían piso de tierra. ¿Qué significaba esto? Que precisamente las familias que ahí vivían estaban sometidas constantemente a enfermedades que les impedían desarrollarse plenamente y que estaban en constante riesgo ante inclemencias del tiempo. Lo que se hizo fue iniciar una política para colocar piso de cemento en esas casas, este programa que inició en el periodo Fox lleva ya más de 3 millones de pisos colocados (con FCH van 2,546,000). Este logro es importante porque al mejorar las condiciones de la vivienda de las personas, mejoras su salud, esperanza de vida y das oportunidades para el desarrollo de otras actividades.

La segunda política que destaco es el Seguro Popular. En 2006 más o menos 56 millones de personas tenían acceso a la salud (47 millones a través de IMSS, ISSSTE, PEMEX, etc) hoy más de 100 millones de mexicanos lo tienen. Para ello se ha incrementado y fortalecido la infraestructura de hospitales y centros de salud, el ritmo en este sexenio es a razón de 12 obras (construcción, remodelación o equipamiento) por semana. Lo que significa para las familias es tener tratamientos contra costosas enfermedades a un costo casi nulo. Mi desarrollo profesional me ha dado la oportunidad de hablar con beneficiarios y sus historias me han hecho ver que es la política pública más importante que se haya hecho.

Podría seguir con otras tantas como el largo período de estabilidad económica y política, la vigencia de las libertades, la transparencia, las políticas contra discriminación, la protección de minorías, la profundización de las políticas sociales, el fortalecimiento hacendario y del sistema financiero, la transformación de planta productiva del país, la generación de empleos, la gestión frente a la crisis mundial, la lucha por la seguridad, entre otras. La mayoría de éstas han tenido avances significativos durante estos años.

Y es precisamente lo bueno que se ha hecho en cuanto a políticas públicas lo que define el 50% de mi voto para Josefina. ¿Qué define lo demás?

Esta elección se ha planteado un clivaje claro sobre entre pasado y futuro, entre el regreso del PRI y no hacerlo. Y justamente el pasado significa un estado capturado por intereses particulares (sindicatos, empresarios, iglesias, etc) que impiden la toma de decisiones que serían óptimas en un escenario de no captura. El pasado también significa la discrecionalidad en la aplicación de la ley y el uso político de ésta; la visión del gobierno como orquestador de todo el cambio social, de las personas y su moralidad sobre la institución. Por ello coincido con quienes dicen que votar por el PRI es votar en contra de tus derechos civiles.

Además el PRI no puede quedar impune después de que durante los últimos 12 años ha bloqueado y/o modificado (para mal) reformas presentadas por PAN o PRD que representaban avances. Tampoco pueden quedar impunes de la deuda que han provocado en algunos estados y de que los territorios que gobiernan sean donde más crímenes contra periodistas se cometen, según Artículo 19. Lo anterior confirma que votar por el PRI es votar en contra de tus derechos civiles.

Por otro lado, la izquierda, representada por AMLO no ha sido capaz de plantear una alternativa moderna para el país. Sigue pensando lo mismo del país que pensaba hace 6 años. No le interesa que en los últimos tres años se hayan creado 600 mil empleos anuales, que la economía crezca más que la brasileña en este año y con mejor prospectiva a futuro, que el país sea el principal receptor de inversión aeroespacial en el mundo, que seamos una economía que produce más manufacturas que todo América Latina y el Caribe juntos. No le interesa porque el diagnóstico que hace de país está basado únicamente en sus prejuicios sobre la corrupción pública. Lo anterior es notorio cuando ves su consejo de sabios (o gabinete) que comparten un diagnóstico unívoco del país y que son incapaces de la crítica a su líder. Comete el error de pensar que se pueden cambiar los incentivos sin cambiar las reglas solo por una supuesta superioridad moral de las personas. Sigue pensando en un Gobierno que domine casi todas las áreas económicas a través de fortalecer la inversión pública en empresas del estado (cosa que sabemos que no es óptimo en el largo plazo). Elegir hoy a AMLO es pensar que nada en el país ha cambiado.

Yo prefiero una opción que además de continuar con buenas políticas públicas tenga una visión plural y liberal sobre la relación del gobierno y la ciudadanía. Josefina representa lo mejor del PAN, es la que sabe que hacer política es una exigencia y un deber individual para construir con el otro. Que defender la libertad es el fin de su quehacer político, y no sólo hablo de proveer las condiciones necesarias para ejercerla sino de aquella libertad que exige expandir las capacidades de los individuos. Es quien entiende que existe una brecha natural entre gobierno y sociedad, pero que sabe que se puede reducir con la participación ciudadana, con el fomento a pequeñas empresas, con el desarrollo de esquemas culturales, etc. Es pues quien nos ofrece un gobierno que funcione y que nos permita desarrollarnos en libertad.

El manejo de la adversidad es signo claro del tipo de políticos que elegimos. En la IBERO, por ejemplo, mientras EPN fue tajante con los alumnos y salió corriendo, Josefina propuso el diálogo que fuera necesario para responder cualquier pregunta que surgieran. Entiende que la sociedad civil no es un instrumento para validar sus políticas, sino que es una parte fundamental para la gobernanza, un pieza clave para la evaluación de la función del gobierno y un aliado para llegar a donde éste no puede. También cree en la libertad empresarial y en formular mecanismos de corresponsabilidad con el sector privado para mejorar la calidad de vida de las personas. Sabe que las reglas de decisión no sirven a los ciudadanos, por ello fue la única que se comprometió y defendió sin cortapisas la Reforma Política (y lo reiteró en el segundo debate que habló de reelección), que se comprometió a bajarle dinero a los partidos políticos, que defendió en la cámara la ley de asociaciones público-privadas, etc.

En fin, creo que una visión ciudadana e inteligente como la de Josefina, que sabe que el Gobierno no es suficiente para resolver todos los problemas sino que se requiere de la participación de la sociedad y del sector privado, es lo que necesitamos para consolidar las buenas políticas públicas que se han hecho y tener un gobierno diferente en su relación con los ciudadanos.